Una versión simplificada de la receta tradicional, con pocos ingredientes y un proceso ágil, ideal para acompañar el mate o el café en cualquier momento.
Las galletitas de maicena son un clásico en la cocina argentina, una preparación liviana y perfecta para acompañar el mate o el café. Esta versión propone un paso a paso práctico, con lo esencial y listo en menos de 20 minutos.
Ingredientes y preparación
En un bowl mezclar la maicena, la harina, el polvo de hornear y la sal. Con 30 segundos a un minuto de batido alcanza. Agregar el azúcar, la manteca blanda, el huevo, la ralladura de limón y la esencia de vainilla. Si no se tiene esencia de vainilla, se puede reemplazar con más ralladura de limón o naranja.
Integrar todos los ingredientes hasta formar una masa suave. No es necesario amasar demasiado la preparación. Estirar la masa sobre una superficie enharinada. Debe hacerse hasta que tenga aproximadamente medio centímetro de espesor.
Formado y horneado
Cortar y darle forma a las galletas. Puede ser con un molde o, en caso de no tener uno, un truco sencillo es hacerlo con el borde de un vaso. Llevar a una placa para horno previamente enmantecada y enharinada. Otra opción es hacerlo con papel manteca.
Hornear a 180°C durante 8 a 10 minutos. No hace falta dejar reposar la masa, lo que permite acelerar el proceso y tenerlas listas en muy poco tiempo.
Presentación y datos de interés
Una vez frías, se pueden espolvorear con azúcar impalpable o rellenar con dulce de leche para darles un sabor aún más delicioso.
En promedio, las galletitas de maicena aportan entre 120 y 140 calorías cada 30 gramos (unas 5 a 7 unidades pequeñas). Este valor puede aumentar si se les agregan rellenos o coberturas, como lo son el dulce de leche, mermeladas o azúcar impalpable.
Las galletitas de maicena tienen su origen en la tradición repostera europea, en particular en recetas españolas y portuguesas que utilizaban almidón de maíz para lograr preparaciones más livianas y delicadas. Con la llegada de estas influencias a América Latina, la receta se popularizó y adoptó un sello propio en países como la Argentina, donde se convirtió en un clásico de las meriendas caseras, muchas veces asociado a los famosos alfajores de maicena rellenos con dulce de leche.
