Un consultor australiano recurrió a herramientas de IA como ChatGPT para investigar y coordinar una terapia personalizada de ARNm para su mascota, logrando una remisión parcial del tumor.
Desesperado por ayudar a su perra enferma, un australiano utilizó ChatGPT y otras plataformas de inteligencia artificial para diseñar un tratamiento experimental personalizado y encontrar científicos que lo administraran. Conyngham, consultor de IA en Sídney, informó que el cáncer de mastocitos de Rosie está en remisión parcial y que su tumor más grande se redujo significativamente.
«Recuperó mucha movilidad y funcionalidad tras recibir en diciembre una vacuna de ARNm personalizada junto con una potente inmunoterapia», afirmó. Varios expertos ajenos al caso consideraron que su búsqueda evidencia el potencial de la IA para acelerar la investigación médica.
Conyngham utilizó chatbots para estudiar terapias, pagó para secuenciar el genoma de la perra y empleó herramientas en línea, incluido el modelo AlphaFold, para analizar los datos. Luego, con recomendaciones de la IA, contactó a un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) y otros académicos que materializaron la investigación.
El cáncer de Rosie fue mal diagnosticado inicialmente. Una biopsia en 2024 reveló que era terminal. Tras probar quimioterapia, inmunoterapia y cirugía, Conyngham recurrió a la IA para explorar tratamientos emergentes, como las vacunas de ARNm.
«Esto no fue en absoluto un ensayo clínico», aclaró Martin Smith, profesor de la UNSW que secuenció el genoma. «No es que la IA curara el cáncer. En realidad todo se debió a su determinación por ayudar a su perra», afirmó. Smith destacó la combinación de secuenciación genómica, IA y terapias de ARN como tecnologías disruptivas.
La IA también ayudó con trámites de aprobación ética y a conectar con un profesor de la Universidad de Queensland para administrar el tratamiento. Sin embargo, no todos los tumores respondieron igual. Rosie requirió otra cirugía y su pronóstico es incierto.
«No sabemos con certeza» qué causó la reducción del tumor mayor, admitió Pall Thordarson, director del instituto de ARN de la UNSW que creó la vacuna. Explicó que Conyngham usó IA para diseñar la secuencia de ARNm que luego ellos utilizaron.
Expertos independientes, como Nick Semenkovich del Colegio Médico de Wisconsin, ven potencial en la IA para mejorar estrategias de investigación, pero señalan la falta de detalles científicos publicados sobre este caso específico. Patrick Tang Ming-kuen, de la Universidad China de Hong Kong, comentó que la IA puede transformar búsquedas complejas en procesos basados en datos, acortando plazos, aunque existe riesgo de errores.
Tras la divulgación del caso, el equipo de la UNSW recibió múltiples solicitudes de ayuda, pero señaló que les es difícil poder asistir a todos.
