Tras la polémica por una restricción israelí levantada, el foco vuelve a la basílica, blanco de fragmentos de misiles y centro de estudios arqueológicos sobre la crucifixión de Jesús.
La decisión del gobierno israelí de prohibir inicialmente la celebración del Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén generó una protesta internacional que llevó al primer ministro Benjamin Netanyahu a revertir la medida. Netanyahu justificó la restricción inicial por motivos de seguridad, señalando que fragmentos de un misil iraní habían impactado días atrás en el techo de este sitio sagrado para el cristianismo.
El enorme complejo, que incluye capillas, templetes y pasadizos antiguos, es desde hace siglos objeto de estudio para arqueólogos e historiadores que buscan evidencias para establecer si allí fue crucificado y sepultado Jesús hace dos mil años. Ariel Horovitz, historiador del Moriah Center, condenó el ataque misilístico iraní y recordó que «Jerusalén es una ciudad sagrada para las tres principales religiones monoteístas y debe ser respetada».
Horovitz, especialista en arqueología bíblica, destacó que la zona de la actual basílica, construida en el siglo XII, es una firme candidata a ser el lugar real de los hechos, ya que la veneración en el sitio se puede rastrear casi hasta la época de Jesús. Sin embargo, existe otro lugar, conocido como la Tumba del Jardín, ubicado 600 metros al norte y fuera de las murallas de la Ciudad Vieja, que es considerado por algunas iglesias protestantes y evangélicas como la ubicación alternativa.
La basílica está bajo custodia conjunta de varias iglesias cristianas y se encuentra en el noroeste de la Ciudad Vieja. En su interior, de unos 120 por 70 metros, se alberga lo que se considera el sitio de la crucifixión y la sepultura. Fuera de las Sagradas Escrituras, la primera mención histórica de Jesús corresponde al historiador judío del siglo I, Flavio Josefo.
Horovitz agregó que la presencia cristiana continuó en Jerusalén incluso después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70. Un indicio clave es que, en el año 135, el emperador Adriano construyó un templo a la diosa Venus en el mismo lugar, posiblemente para desalentar la devoción cristiana. Los bloques de piedra de ese templo aún son visibles en una capilla de la basílica. El cambio decisivo llegó con la conversión del emperador Constantino y el Edicto de Milán del 313, que puso fin a la persecución y allanó el camino para que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial del imperio.
