El aumento del combustible y la reducción de subsidios generan una contracción en el servicio de colectivos del AMBA, con frecuencias que ya cayeron un 20%.
El sistema de transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa un proceso de contracción, impulsado principalmente por el encarecimiento del gasoil, que registró una suba del 25% desde la segunda quincena de marzo. Esto redundó en una reducción del 20% en la frecuencia del servicio este martes 7 de abril, generando malestar entre los pasajeros.
Actualmente, las empresas pagan el litro de combustible a más de $2100, un valor que supera los $1744 contemplados en las planillas oficiales de las Secretarías de Transporte. Esta brecha financiera desestabiliza al sector, donde el combustible representa el 20% de la estructura de costos.
La situación se agrava por una caída sostenida en el uso del servicio. El transporte público perdió un 12% de sus pasajeros en el último año, lo que equivale a 1,1 millón de usuarios menos por día. A largo plazo, el caudal actual representa apenas dos tercios de los niveles de hace una década. Factores como la falta de recuperación en sectores clave, el deterioro de las frecuencias y la pérdida de poder adquisitivo explican esta tendencia.
Como consecuencia, el parque automotor se redujo en 3000 unidades durante los últimos cuatro años, pasando de 18.500 a 15.500 colectivos. La menor disponibilidad de recursos se ve acentuada porque el peso del subsidio estatal disminuyó del 91% en diciembre de 2023 al 63% actual.
Esta asfixia económica obliga a las empresas a recortar servicios. Algunas líneas ya redujeron sus frecuencias en un 20% para intentar compensar el desfasaje financiero. La complejidad aumenta debido a los criterios dispares de las jurisdicciones en materia tarifaria. Mientras la Ciudad ajusta sus valores mensuales según la inflación más dos puntos, la provincia de Buenos Aires aplica aumentos extraordinarios que elevan el costo del pasaje mínimo a $871,30. Por su parte, la Nación mantiene una política errática para moderar el impacto inflacionario.
Las pequeñas compañías sufren este escenario con mayor severidad, al carecer de acceso a créditos para financiar la compra del gasoil, que hoy se abona al contado. El mercado de combustibles también muestra anomalías, con el precio mayorista superando entre un 8% y un 10% al valor en estaciones de servicio.
Si el sector no observa una reactivación en la demanda ni una estabilización en los costos operativos, la oferta de transporte público corre el riesgo de sufrir nuevas reducciones en el corto plazo.
