Con una historia de vida marcada por la música y la superación, un hombre de avanzada edad inició una carrera universitaria motivado por el amor y el cuidado de su pareja.
Alberto Fierro, de 84 años, comenzó a estudiar el Ciclo Básico Común de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) con un objetivo claro: especializarse en podología para asistir a su esposa Norma, quien tiene diabetes. Su historia, difundida en un reportaje televisivo, conmovió a miles de personas en redes sociales.
«Los tratamientos son caros. Por eso decidí que la mejor forma de ayudarla era aprendiendo yo», explicó Alberto en diálogo con LA NACION. Su principal motivación es prevenir las complicaciones que la diabetes puede causar en los pies si no se recibe la atención adecuada.
La vida de Alberto estuvo siempre ligada a la música. Originario de Córdoba, llegó a Buenos Aires a los 14 años y desarrolló una pasión por el contrabajo y, posteriormente, por el saxofón. Sin embargo, en 2020, un robo en su casa de Villa Lugano lo dejó sin su amado saxofón, un golpe que derivó en una fuerte depresión. «Era mi cable a tierra», afirmó.
Para superarlo, encontró refugio en la escritura y en retomar sus estudios. En 2022 completó la escuela primaria y al año siguiente finalizó la secundaria, siempre acompañado por Norma, quien se inscribió en un curso de computación para estar a su lado. «Decidí continuar mis estudios en la universidad. Quise estudiar podología pensando en ella. Aunque también pienso en mis amigos jubilados, que quiero que tengan una atención de calidad», expresó.
Alberto y Norma se conocieron en 2018 a través de una aplicación de citas. Aunque él vivía en La Plata, el vínculo que surgió los unió definitivamente. «Cuando volví para La Plata me di cuenta que ella despertó algo en mí», recordó. Durante la pandemia, se mudó con ella a Villa Lugano y allí permanecen, compartiendo su día a día. «Nos queremos, nos respetamos, estamos juntos todo el tiempo. La gente nos ve que siempre vamos de la mano», describió.
Hoy, Alberto toma el colectivo hasta Ciudad Universitaria para cursar, demostrando que el aprendizaje no tiene edad. «A los 84 años todavía se puede estudiar», concluyó con convicción.
