El reconocido cantaor español vuelve al país con un espectáculo que pone en diálogo el flamenco con ritmos latinoamericanos. En una entrevista, habla de su carrera, la evolución de su voz y la relación del arte con las tradiciones.
Diego El Cigala, una de las voces más emblemáticas del flamenco contemporáneo, regresa a la Argentina con su espectáculo «Flamenco y Son». A más de dos décadas de una carrera que marcó un punto de inflexión en la concepción del género, su presentación se plantea como una continuidad en su búsqueda artística más que como una novedad.
En diálogo, el artista reflexionó sobre su trayectoria y su visión del flamenco. «El flamenco es quien soy, mi raíz, mi casa, mi identidad», afirmó. Aunque actualmente prepara un nuevo disco de flamenco puro para la segunda mitad del año, defiende el diálogo con otras músicas. «Una cosa es necesitar y otra cosa es dialogar. En ‘Flamenco y Son’ es solo ponerlo frente a otra tradición de raíz y verdad. Cuando dos músicas con alma se encuentran, no se debilitan, se enriquecen», explicó.
Sobre los cambios en su manera de cantar tras más de veinte años de carrera solista, El Cigala señaló: «Con los años uno aprende a escuchar más, a jugar más. Antes era más impulsivo; ahora hay mayor conciencia de lo que significa cada frase y de cómo interpretarla. Pero la emoción sigue igual, incluso más profunda». Respecto a su expresividad en el escenario, la atribuye principalmente al instinto y la intuición, aunque reconoce realizar algunos ejercicios para el cuidado de su voz.
El cantaor también se refirió al vínculo especial que mantiene con el público argentino. «El público argentino es especial, si conecta contigo, conecta de verdad. Compartimos una manera de sentir y cuando uno viene a trabajar se acaba enamorando», comentó, recordando que su paso por el país lo llevó a grabar dos discos y a tener en mente un tercero.
Finalmente, abordó la tensión entre la preservación de las identidades musicales y la globalización. «Creo que hay muchos artistas que nos demuestran que una cosa es el diálogo entre culturas (…) y otra cosa es la globalización de los sonidos donde todo se absorbe para sonar igual», afirmó. Para El Cigala, el flamenco siempre ha estado en un equilibrio entre apertura y resistencia: «Es una música muy fuerte, muy profunda, que tiene siglos de historia y que no necesita cambiar para seguir viva. Pero también es verdad que cada generación la interpreta de una manera distinta».
