El presidente de Estados Unidos renovó el alto el fuego a pedido de Pakistán, pero en paralelo intensificó su retórica contra Teherán, destacando su debilidad financiera y manteniendo el cierre del estratégico estrecho de Ormuz.
La tregua entre Estados Unidos e Irán se mantiene formalmente, aunque la tensión persiste tras nuevas declaraciones del presidente Donald Trump. Luego de extender el alto el fuego a solicitud de Pakistán, país mediador, Trump volvió a dirigirse a Irán con un mensaje de advertencia publicado en Truth Social.
En su publicación, el mandatario estadounidense afirmó que Irán «está colapsando financieramente» y que pierde «500 millones de dólares por día» debido al bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía crucial para el comercio mundial de hidrocarburos. Trump sostuvo que Teherán necesita reabrir ese corredor marítimo por estar «hambriento de efectivo» y mencionó que fuerzas militares y policiales iraníes «se quejan de que no están cobrando».
La extensión de la tregua fue presentada por la Casa Blanca como una forma de dar más tiempo a Irán para presentar una propuesta y avanzar en las negociaciones. Sin embargo, esta pausa convive con medidas de presión. El bloqueo naval sobre los puertos iraníes, calificado por Teherán como un «acto de guerra», sigue vigente.
Analistas señalan que el mensaje de Trump corre el eje de la presión: ya no se trata solo de la amenaza militar, sino de una asfixia económica explícita sobre un punto crítico para la economía global. El presidente norteamericano dio a entender que cualquier acuerdo futuro también dependerá de lo que ocurra con el estrecho de Ormuz.
Así, mientras la negociación no se ha interrumpido, el escenario se mantiene condicionado por una lógica de fuerza. Washington extiende el diálogo, pero simultáneamente eleva la amenaza militar, mantiene el bloqueo y exhibe la crisis económica iraní como parte de la disputa.
