El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se encuentra en el centro de disputas políticas que involucran al kirchnerismo, al camporismo y a figuras mediáticas, mientras lidia con el impacto de la política económica nacional en las finanzas provinciales.
En el contexto de los desafíos políticos, sociales y económicos que enfrenta el Gobierno nacional, la dinámica política argentina comienza a registrar movimientos que, sin amenazar la estabilidad ni la gobernabilidad, modifican el escenario de cara al futuro. El peronismo, tras perder cinco de las últimas seis elecciones nacionales y contar con la menor representación legislativa y control territorial desde la recuperación de la democracia, busca reconfigurarse para evitar convertirse en una confederación de fuerzas provinciales y recuperar su lugar como alternativa de gobierno.
En este marco, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien hasta ahora aparecía como el principal candidato presidencial del peronismo según encuestas de imagen y sondeos de intención de voto, enfrenta desafíos desde distintos frentes. Por un lado, el cristicamporismo y un conglomerado heterogéneo que incluye a políticos, sindicalistas peronistas, exdeportistas y exdirigentes de otras fuerzas le disputan la instalación política. Por otro lado, el mediático pastor Dante Gebel, radicado en Estados Unidos, ha generado una presión colateral sobre su figura.
Además de estas tensiones internas, el Gobierno nacional representa una amenaza significativa para las aspiraciones de Kicillof debido al fuerte impacto negativo de la política económica en las arcas provinciales. Según datos del gobierno bonaerense, en febrero pasado la caída en la coparticipación fue de 100.000 millones de pesos respecto al mismo mes del año anterior, y la pérdida total de recursos alcanzaría los 22 billones de pesos. Esta situación le sirve a Kicillof para construir su figura como antagonista del presidente libertario y como víctima de un programa que afecta a amplios sectores del conurbano.
El viaje del gobernador a la cumbre progresista iberoamericana en España fue interpretado como el detonante de ataques abiertos desde el kirchnerismo, canalizados a través de dirigentes como el senador Oscar Parrilli y la diputada provincial Mayra Mendoza, quien aspira a la gobernación bonaerense. A esto se suma el proyecto de declaración de emergencia alimentaria en la provincia presentado por el senador provincial Mario Ishii, que para los kicillofistas representa un golpe bajo al buscar responsabilizar al gobernador por problemas que, según su visión, deberían atribuirse a la Nación.
Según fuentes cercanas a Kicillof, detrás de estos movimientos estaría Cristina Fernández de Kirchner, quien habría motorizado los ataques debido al malestar generado por la recepción que el gobernador tuvo en un ámbito que consideraban propio, especialmente tras ser elogiado por Lula. El viaje habría sido la gota que rebalsó el vaso, exponiendo el ocaso y la vanidad de la expresidenta, aunque las tensiones vienen de más atrás.
