Científicos del CONICET y WCS Argentina publicaron estudios que revelan cómo el cambio climático, los contaminantes y las enfermedades impactan en esta especie vulnerable, que actúa como un sensor del ecosistema marino.
Cada 25 de abril, el calendario ambiental recuerda la situación de los pingüinos. Este año, investigadores argentinos de WCS Argentina y el CONICET presentaron una serie de estudios que muestran al pingüino penacho amarillo (Eudyptes chrysocome) como una especie clave para monitorear la salud del océano. Su sensibilidad a los cambios ambientales lo convierte en un “sensor” que anticipa lo que puede ocurrir en el ecosistema marino completo.
La especie está categorizada como en peligro de extinción en Argentina y como “vulnerable” a nivel global según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sus colonias reproductivas se concentran en el Parque Interjurisdiccional Marino Isla Pingüino (Santa Cruz) y en la Reserva Provincial Isla de los Estados y Archipiélago de Año Nuevo (Tierra del Fuego).
Un estudio publicado este año en el Journal of Ornithology demostró que en temporadas más cálidas los pingüinos modifican sus áreas de alimentación, lo que los vuelve más vulnerables a corto plazo pero brinda información valiosa sobre cómo el calentamiento oceánico reorganiza la vida marina. Otra investigación, aparecida en 2026 en Frontiers in Marine Science, señala que la exposición al cambio climático varía según la colonia, lo que exige enfoques de conservación más específicos.
Un tercer trabajo, basado en el seguimiento con GPS de alta resolución durante cuatro temporadas reproductivas, detectó una acumulación simultánea de amenazas: contaminantes, enfermedades y cambio climático actúan de forma conjunta sobre los mismos animales. “Estas presiones combinadas configuran una vulnerabilidad dinámica y compleja, que exige enfoques integrados para su conservación”, explicó Andrea Raya Rey, investigadora del CADIC-CONICET y asociada a WCS Argentina.
Estos estudios forman parte del programa “Centinela” de WCS Argentina, que monitorea especies clave como el flamenco austral, el elefante marino del sur, el pingüino de Magallanes, la ballena jorobada y los tiburones cazón y gatuzo. El biólogo Pablo Borboroglu, investigador del CONICET y ganador del Indianapolis Prize 2023, demostró que la ciencia aplicada puede traducirse en políticas concretas: gracias a sus estudios, los buques frente a las costas patagónicas modificaron sus rutas, reduciendo la mortalidad de pingüinos por derrames de petróleo de 40.000 ejemplares por año en la década del 80 a apenas una veintena en la actualidad.
