Con 72 años, Claudio José «Chiqui» Úbeda repasa su historia: formado en Boca, ganó el Prode en 1972, lo que cambió su carrera y lo llevó a jugar en Huracán, donde trabó amistad con René Houseman, y en el ascenso argentino.
Hay un mundo paralelo en el que el Úbeda más famoso no es el técnico de Boca. Ni Claudio es su nombre; ni “Sifón”, su apodo; ni el azul y amarillo los colores que más lo representan. En el centro de Santos Lugares, a pocas cuadras de la iglesia de Lourdes, Úbeda es “Chiqui”, Claudio José, un hombre de 72 años que pasa sus tardes tomando café en una clásica heladería del barrio y no deja pasar más de cinco minutos sin levantar la mano para saludar, desde detrás del vidrio, a algún vecino que cruza la vereda.
En los buscadores de noticias, su nombre aparece ligado a la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino. En 2022, como secretario adjunto del organismo, denunció que Carlos Tevez no tenía hecho el curso que lo habilitaba como entrenador de Rosario Central. Pero detrás de ese dirigente de perfil bajo, hay una historia que parece salida de una película. Fue promesa de las inferiores de Boca, y llegó a jugar en Reserva junto a un ya experimentado Ángel Clemente Rojas, pero antes de debutar en Primera ganó el Prode y su vida -y su carrera- dieron un vuelco de 180°: eligió el disfrute por encima de la disciplina del fútbol, quedó libre del club y luego armó su recorrido en Huracán, donde fue muy amigo de René Houseman, y en el ascenso, por más que el técnico de Boca escribe su apellido sin tilde, y él, con la Ú acentuada.
Quienes lo vieron jugar aseguran que tenía condiciones para triunfar en Boca, incluso pese a su fanatismo por River. “Si no pegaba el Prode, mi vida en el fútbol hubiese sido distinta”, dice, aunque aquel premio le permitió no pasar necesidades y jugar realmente donde tuviera ganas de estar. Asegura que no tiene un lazo sanguíneo comprobado con Claudio Ubeda, aunque lo conoce del gremio y más de una vez quedaron en juntarse para intentar descubrir si tienen algún parentesco.
Claudio y José tuvieron trayectorias con varios puntos en común: debutaron en el ascenso -el Sifón, en Central Córdoba, de Rosario; Chiqui, en Excursionistas-; estuvieron ligados a Boca y Huracán, se sentaron en el banco como entrenadores -José dirigió a All Boys y Deportivo Armenio- y hasta sumaron una experiencia en el exterior: uno en Japón y otro en los Estados Unidos. Úbeda nació el 19 de septiembre de 1953, 12 años y 363 días antes que el hoy DT del Xeneize. Se formó en la canchita del barrio y, a los 16, llegó a probarse en Boca por recomendación de un conocido, amigo a su vez de Vito Damiano, uno de los encargados de observar jugadores junto con Ernesto Grillo y Bernardo Nano Gandulla.
“Yo soy de River, ¿qué me vas a llevar a Boca?”, respondió Úbeda cuando le propusieron ir a mostrarse a La Candela. Sin embargo, terminó aceptando. Cuando Grillo lo vio jugar, le dijo que le hacía acordar a él y que tenía futuro en el fútbol. Lo mismo creían sus compañeros, pero el tiempo terminaría demostrando que el talento no siempre alcanza para llegar. Enganche técnico, inteligente y con buena conducción, también podía ocupar el puesto de “8 de juego”, al estilo de Juan José López o Miguel Ángel Brindisi. Aunque tenía edad de cuarta, enseguida subió a reserva, donde en 1973 fue compañero de Alberto Tarantini -dos años menor- y compartió equipo con Rojitas, quien había vuelto al club tras su paso por Deportivo Municipal, de Perú, y buscaba ponerse en forma con los juveniles. “Dos horas antes, la segunda y la tercera bandeja se llenaban para verlo jugar”, cuenta Chiqui, con admiración.
Estaba señalado como el próximo 10 de la Primera, pero el dinero y las luces lo desviaron del camino. El Prode (acrónimo de pronósticos deportivos) fue un juego de apuestas creado por la Lotería Nacional en 1972 y que tuvo dos décadas de auge hasta su desaparición en 1998 (en 2001 intentó ser revivido aunque sin éxito). “Con mi hermana, Lilia, jugábamos dos partidos cada uno y acertamos los 14. Yo no sabía nada. Pero cuando volví a casa, Santos Lugares estaba convulsionado, había gente por todos lados. Ganamos 14 millones de pesos cuando un departamento valía dos”, reconstruye, y acepta: “Con la plata y la joda fui un desastre. Mi hermana se compró un auto, un departamento… Yo también, pero una buena parte la malgasté. Todos me decían ‘tenés que seguir jugando’ y yo respondía ‘dejame de hinchar’: quería vivir ese momento”.
Al volver a Boca, Úbeda fue entrevistado por Mauro Viale para ATC. Hasta entonces, un futuro promisorio: aunque no era parte estable del plantel que dirigía Rogelio Domínguez, ya empezaba a entrenarse con la Primera, junto a jugadores como Roberto Mouzo, Roberto Rogel, Vicente Pernía, Jorge Benítez, Hugo Curioni y Osvaldo Potente. Incluso, participó de un amistoso contra River en el interior del país, pero, pese a tener contrato profesional, nunca llegó a debutar oficialmente. En 1975, el club le propuso pasar a préstamo a Gimnasia y Esgrima, de Mendoza, que el año anterior se había asegurado la participación en el Torneo Nacional tras consagrarse campeón de la liga local. “Alberto J. Armando me convocó a una reunión en su famosa concesionaria”, recuerda.
