Un estudio internacional publicado en Nature revela que la obesidad se estabiliza en países desarrollados pero acelera su avance en naciones en desarrollo, marcando una brecha creciente.
La obesidad fue definida durante décadas como una epidemia global en expansión, cada año y en casi todos los países. Ese diagnóstico, instalado desde fines del siglo XX, ahora empezó a mostrar fisuras. Un estudio reciente arrojó que este aumento pasó a estabilizarse en los países desarrollados y acelerarse en los países en desarrollo.
Un reciente análisis internacional, basado en datos de más de 200 países entre 1980 y 2024, propone un cambio de enfoque. Publicado en la revista Nature, el informe detalló que la obesidad ya no avanza de la misma manera en todo el mundo y que hoy su tendencia es divergente.
El fenómeno global persiste pero a tres velocidades distintas. La clave ya no está solo en cuántas personas viven con obesidad sino cómo evoluciona esa cifra en cada región: en algunos países, el crecimiento comenzó a desacelerarse mientras en otros se estabilizó ampliamente.
La epidemia fragmentada
El estudio agrupa a los países en tres grandes dinámicas. El primer grupo está formado por países de Europa occidental y algunas economías de altos ingresos. Allí, la obesidad muestra señales de desaceleración desde hace varios años, luego de que un crecimiento sostenido por décadas comenzara a moderarse hasta alcanzar una meseta. Sin embargo, este “freno” no implica que el problema esté resuelto ya que las prevalencias siguen siendo significativas.
En el segundo grupo se incluye a Estados Unidos y otros países anglosajones, donde también se percibe una desaceleración pero con una diferencia: la estabilización ocurre en niveles mucho más altos. La obesidad dejó de crecer al ritmo previo, pero fue después de alcanzar porcentajes elevados tanto en adultos como en niños.
Por último, el tercer grupo es el más numeroso y el que concentra mayor preocupación: países de América Latina, África, Asia y Medio Oriente. En estos casos, la obesidad no solo no se estabilizó sino que sigue aumentando y a una velocidad mayor que en el pasado. Uno de los hallazgos más relevantes es que ese crecimiento no se limita a países donde la obesidad partía de niveles bajos. También se observa en contextos donde la prevalencia ya era considerable.
Una brecha más ancha
Las nuevas diferencias vistas entre los grupos permiten señalar que los países que desaceleran o estabilizan la obesidad suelen ser economías de altos ingresos, con sistemas de salud más robustos. En cambio, los países donde la prevalencia sigue en aumento corresponden, en su mayoría, a ingresos medios o bajos. La consecuencia es un desplazamiento progresivo de la carga global del problema: mientras la obesidad deja de concentrarse únicamente en el mundo desarrollado, pasa a tener cada vez más peso en regiones en desarrollo.
En el estudio también se aborda el rol de los nuevos tratamientos, con medicamentos como Ozempic (basado en semaglutida o tirzepatida), que mostraron resultados contundentes a nivel individual. Sin embargo, el estudio considera que de momento su impacto sobre las tendencias globales es limitado, ya que la ventana de análisis va de 1980 a 2024. La popularización de estos fármacos comenzó a crecer recién en 2023 y en países de alto poder adquisitivo, por lo que su acceso sigue siendo desigual.
