Tras las elecciones en Bulgaria y la caída del gobierno en Rumanía, ambos países enfrentan turbulencias políticas impulsadas por el malestar económico y el auge de fuerzas populistas.
El 8 de mayo, Rumen Radev juró como primer ministro de Bulgaria tras ganar las elecciones a finales de abril. Radev, excomandante de la fuerza aérea y presidente desde 2017, lideró una campaña centrada en la lucha contra la corrupción, prometiendo desmantelar el “modelo de gobierno oligárquico” y restaurar la independencia judicial. Su partido, Bulgaria Progresista, obtuvo casi el 45% de los votos, logrando mayoría absoluta en el parlamento.
El 5 de mayo, el primer ministro liberal de Rumanía fue destituido mediante una moción de censura respaldada por el Partido Socialdemócrata (PSD) y la Alianza para la Unión de Rumanos (AUR), de corte nacionalista. El gobierno carecía de fuerte apoyo parlamentario y había impulsado medidas de austeridad para reducir el déficit presupuestario, el mayor de la UE.
El malestar económico es un factor común. En 2025, los precios subieron un 3,5% en Bulgaria y un 6,8% en Rumanía, por encima del promedio del bloque (2,5%). El PIB de Rumanía fue un 1,7% inferior en el primer trimestre respecto al mismo período del año anterior.
El nuevo gobierno búlgaro propuso el 11 de mayo precios de referencia “justos” para bienes de consumo, obligando a los minoristas a justificar aumentos o enfrentar multas. Radev afirmó que las sanciones a Rusia “perjudican las economías de Rusia y la UE” y propuso aumentar importaciones de combustibles fósiles rusos. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, declaró estar “impresionado”.
En Rumanía, el líder de AUR, George Simion, declaró tras la moción de censura: “Los supuestos proeuropeos no han traído más que impuestos, guerra y pobreza”. Su partido cuenta con un 33% de apoyo en encuestas. Simion se opone a la ayuda a Ucrania, aunque no expresa simpatía por Rusia. El presidente Nicusor Dan afirmó que prefiere formar una nueva coalición, posiblemente liderada por un primer ministro tecnócrata.
Analistas señalan que Radev podría moderar su postura: las empresas de defensa búlgaras han crecido desde el inicio de la guerra, y Rheinmetall planea invertir 1.000 millones de euros en una fábrica de proyectiles. Ivo Hristov, viceprimer ministro, sostuvo: “Bulgaria considera a los países de la UE como su familia natural, pero se reserva el derecho a mantener sus propias posiciones”.
Radev ha destituido al subdirector de la agencia de seguridad nacional por presunta injerencia política y promovió una comisión parlamentaria anticorrupción. Su afinidad con Estados Unidos, señalada por su formación en un programa de pilotos de la Fuerza Aérea estadounidense, contrasta con las preocupaciones de algunos líderes europeos sobre posibles alineamientos con posiciones cercanas al entorno MAGA.
