Karen Balmaceda, de 31 años y oriunda de Tigre, se instaló en Japón tras obtener la visa Working Holiday. Relató su experiencia de adaptación, desde el mareo inicial hasta la vida cotidiana en Ikebukuro.
Karen Balmaceda (31), especialista en marketing nacida en Tigre, llegó a Tokio en febrero de 2025 tras obtener la visa Working Holiday. Antes de ese viaje, nunca había cruzado el océano Atlántico ni el Pacífico; su único viaje al exterior había sido a Uruguay. Al pisar el aeropuerto de Tokio, rompió en llanto. «Al principio me mareaba, realmente salía a la calle y me mareaba», declaró a través de una videollamada.
Balmaceda compartió que su interés por Japón comenzó en la infancia, a través del anime y el manga. Ahorró durante años y, junto a un amigo, presentó la solicitud para el programa Working Holiday. A la semana, recibieron la noticia de que debían abandonar el país en tres meses. «De golpe, rápido, había que salir a comprar el pasaje, preparar todo», afirmó.
Durante los primeros meses, trabajó en un restaurante de carne frecuentado por turistas y luego se desempeñó como guía turística para hispanohablantes, un rol que valora su lengua materna. «Hay muy pocos guías que hablen español», explicó. Vive en un departamento compartido en Ikebukuro con otros argentinos.
Consultada sobre la exigencia laboral, señaló que en el restaurante «te podían llegar a pedir una hora más», pero que «siempre te pagan, sí o sí, las horas extra». También mencionó que se adaptó a hablar en voz baja, a diferencia del tono habitual en Argentina. «Me acostumbré a mantener la voz un poco más baja», dijo.
En cuanto a los terremotos, Balmaceda indicó que utiliza una aplicación que alerta sobre sismos y tsunamis. Relató un episodio en el mercado de Tsukiji, donde recibió una alerta de tsunami que resultó ser de «altura máxima de las olas, un metro», lo que generó risas entre sus compañeros japoneses.
Respecto a la vida en Japón, destacó la estabilidad económica. «Con un sueldo básico te alcanza para vivir cómodamente: alquilar, comer, darte algún que otro gustito», sostuvo. También valoró la puntualidad del transporte público: «Sabés que siempre van a venir a horario».
Su familia, inicialmente con dudas, la apoyó. «En cuanto les dije ‘me parece que no me voy a volver’, enseguida me apoyaron», afirmó. Balmaceda no ha regresado a Argentina desde su partida.
