El Vaticano publicó el 25 de mayo la encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, que aborda los riesgos de la inteligencia artificial y propone regulaciones globales para evitar el control tecnológico sin límites éticos.
El Vaticano publicó el 25 de mayo la encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, centrada en la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. El documento constituye el primer texto sistemático de la Iglesia Católica dedicado específicamente a la IA y a la defensa de la dignidad humana en la era digital.
La encíclica reclama normas globales, organismos de control y acuerdos internacionales para regular la inteligencia artificial, junto con un rol más activo de los organismos multilaterales. El Papa sostuvo que la tecnología no puede quedar librada exclusivamente a la autorregulación de la industria.
El eje central del documento establece que la tecnología no debe convertirse en dueña del ser humano. La inteligencia artificial debe permanecer subordinada a la dignidad humana, a la libertad y a la conciencia moral. León XIV advirtió que el hombre no puede ser reducido a datos, algoritmos o procesos automatizados.
La encíclica introduce una imagen bíblica para explicar el dilema contemporáneo: la oposición entre la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén. Babel simboliza la ilusión de un poder tecnológico autosuficiente y desvinculado de toda referencia ética. Jerusalén representa la construcción comunitaria y solidaria basada en la dignidad de la persona.
Entre los aspectos relevantes del documento, se destaca la advertencia sobre el poder concentrado en pocas corporaciones tecnológicas y gobiernos. El Papa señaló que la IA refleja los intereses, valores y sesgos de quienes la controlan, y que quien controle la inteligencia artificial podría imponer su propia visión moral, cultural y política al resto del mundo. Allí aparece el concepto de «tecnofascismo».
La encíclica compara la revolución digital con la Revolución Industrial y pregona proteger a las personas frente a la automatización masiva y la precarización laboral. El documento reconoce que la IA puede aumentar la productividad y generar avances en medicina, ciencia y educación, pero advierte que el progreso técnico pierde legitimidad moral cuando destruye el valor humano del trabajo o incrementa las desigualdades sociales.
Asimismo, la encíclica advierte sobre riesgos como la manipulación informativa, campañas de desinformación, sesgos electorales, deepfakes, explotación de menores mediante IA y mecanismos de vigilancia masiva. El Papa sostuvo que todo ello puede erosionar la verdad y debilitar las democracias contemporáneas si no existen límites éticos claros.
En relación con niños y adolescentes, el documento pone énfasis en el impacto psicológico y moral de la hiperconectividad y del uso temprano de tecnologías digitales. León XIV advirtió sobre el riesgo de sustituir vínculos humanos reales por relaciones emocionales simuladas con sistemas de IA, y afirmó que «cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia».
Finalmente, el Papa conectó la inteligencia artificial con problemas ambientales y geopolíticos como el consumo energético de los centros de datos, la extracción de recursos estratégicos, el control global de información y las nuevas formas de dependencia digital de países pobres, advirtiendo sobre un eventual «neocolonialismo tecnológico».
