El economista Ricardo Arriazu expuso en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción (COMARCO) y analizó el programa económico del presidente Javier Milei, con énfasis en el impacto sobre la actividad y el empleo.
Ricardo Arriazu, economista cercano al presidente Javier Milei, expuso este martes en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción (COMARCO), realizada en La Rural. Ante un auditorio de empresarios, analizó el rumbo del programa económico oficial y señaló los costos de la transición, en particular por el impacto sobre la actividad y el empleo.
Durante su presentación, Arriazu partió de la pregunta: “¿Por qué esta decadencia?”. A partir de allí, trazó un diagnóstico sobre los problemas estructurales de la economía argentina, entre ellos la inflación, la falta de crédito de largo plazo, la volatilidad política y la recurrente dolarización del ahorro.
Para el economista, la clave del programa oficial no pasa únicamente por las variables fiscales o monetarias, sino por una cuestión de confianza. “La gente se siente segura comprando dólares. Para eliminar las crisis de balanza de pagos, hay que fortalecer la moneda nacional y el crecimiento económico”, afirmó. Remarcó que el objetivo debería ser que los recursos del sector privado permanezcan dentro del país y se transformen en inversión productiva.
Arriazu también se refirió al swap con Estados Unidos, por u$s20.000 millones, y relativizó su impacto sobre las expectativas. Explicó que el mercado no termina de darle valor porque considera que un cambio político podría modificar las condiciones o dejarlo sin efecto.
La frase más comentada de la jornada llegó cuando Arriazu describió el impacto sectorial del modelo económico. Planteó que los rubros con mejores perspectivas son aquellos vinculados a la generación de divisas, como el agro, la minería y la energía. Sin embargo, advirtió que ese crecimiento no necesariamente alcanza para absorber mano de obra al ritmo que exige la economía real. “Nunca vi un sistema en el que sobran divisas y falta demanda de mano de obra como en la Argentina de hoy”, sostuvo. Y agregó: “El cambio produce dislocaciones, destrucción, y la destrucción es siempre más rápida que la creación. Eso genera un problema”.
Consultado sobre qué deberían hacer las empresas frente a este escenario, Arriazu fue directo: cada sector debe identificar si quedó ubicado entre los ganadores o entre los perdedores del nuevo esquema económico. En caso de estar entre los más afectados, recomendó acelerar procesos de adaptación y reconversión.
En el tramo final, el economista reconoció que algunas variables comenzaron a mejorar, al mencionar que la balanza comercial podría cerrar con un superávit cercano a los u$s20.000 millones y aseguró que los “planetas se alinearon” para que la economía tenga un mejor año, siempre que no aparezcan nuevos shocks políticos o financieros. Sin embargo, remarcó que la Argentina todavía enfrenta un obstáculo central: la credibilidad. “Tenemos los mejores números económicos de América Latina y el riesgo país más alto. ¿Por qué? Porque fuimos estafadores seriales y la gente tiene miedo. Si no hay confianza, va a seguir el mismo problema”, concluyó.
