Un análisis sobre la brecha entre el avance de la inteligencia artificial generativa y su implementación efectiva en la sociedad, las organizaciones y la vida laboral.
Si se tomara aleatoriamente cualquier columna de opinión o análisis sobre el crecimiento exponencial que tuvo la inteligencia artificial generativa en los últimos cinco años, es probable que la lectura concluya con ímpetu al ver los resultados aplicados en ciertas áreas de la ciencia y la productividad; y, simultáneamente, con un estado de urgencia, desconcierto y ansiedad por preguntarse si se será parte de la tendencia de cambio sociolaboral que se plantea a partir de esta irrupción.
La narrativa instalada sobre la dominancia y el desplazamiento de esta herramienta como ordenador preeminente del trabajo y la vida social está influyendo en la imaginación y en la construcción de expectativas de una manera desacoplada de las condiciones materiales y las dinámicas sociales, económicas y políticas que atraviesan a la sociedad.
Mientras un laboratorio de vanguardia ya diseña nuevas moléculas y proteínas con asistencia de modelos de inteligencia artificial, la velocidad de implementación social y masiva presenta un marcado contraste.
El objetivo del texto consiste en problematizar el efecto simbólico que la narrativa está produciendo en la toma de decisiones para anticiparse. Se observa una reacción frecuente: todos quieren usar la IA generativa, pero no saben cómo ni para qué.
Un caso hipotético ilustra esta tensión. Un estudio de abogacía tomó la decisión de no contratar nuevos empleados y ejecutar un plan de desvinculación gradual para posiciones junior hasta automatizar tareas de análisis. Invirtió un capital mayor que los sueldos e indemnizaciones para desarrollar agentes autónomos. Sin embargo, la dinámica del negocio y la curva de aprendizaje de los empleados mantienen una velocidad divergente. Hacia la mitad del año, la empresa presenta un panorama crítico: su inversión tecnológica, motivada por una proyección de competitividad que el mercado no acompañó, afecta la sostenibilidad del negocio.
La pretensión de avanzar a la velocidad vertiginosa de la innovación tecnológica se convierte en un problema para interpretar la mejor manera de incorporar una herramienta a un contexto determinado. La decisión no es necesariamente incorrecta, pero debe responder: ¿ante qué anticiparse y prepararse?
Se plantea un riesgo sobre la desvalorización de trayectorias profesionales frente al impacto tecnológico. Las recomendaciones generalizadas sobre empleos favorecidos en una sociedad automatizada tensionan la dirección de lo hecho hasta ahora con el imaginario de lo que vendría.
Se sugiere una tendencia de adaptación marcada por la complementariedad entre profesionales y la funcionalidad de la IA generativa, que se caracteriza por adaptarse en un tiempo diferente al de los desarrollos tecnológicos.
La transformación tecnológica ya ocurre, pero no así la materialización de un futuro en el que las sociedades y organizaciones respondan al impacto performático del relato de la IA generativa. La tensión entre velocidades divergentes es clave para reflexionar sobre cómo incorporar esta tecnología.
Es más sensato reconocer la coexistencia entre la innovación y lo que todavía intenta digitalizarse. Podría suponerse que en los próximos 10 o 15 años sea más probable un escenario de desacople que un dominio tecnológico de todas las áreas de la vida humana.
Existe una dimensión temporal insoslayable, individual y social, que se impone como restricción. Hay un punto de partida construido a otra velocidad. No deberían tomarse decisiones abruptas basadas en una imaginación influida por expectativas que quizá demoren décadas, sino actuar con un criterio de presente que persiga ese horizonte sin descartar lo construido hasta ahora.
