El cáncer de endometrio es el tipo más frecuente de cáncer que afecta al útero y suele ser detectable en etapas tempranas debido a síntomas como el sangrado vaginal anormal.
El cáncer de endometrio es el tipo más frecuente de cáncer que afecta al útero, aunque también es fácilmente detectable en etapas tempranas porque provoca síntomas evidentes desde el inicio, como un sangrado vaginal anormal. Esta característica convierte al diagnóstico precoz en uno de los principales aliados para lograr un tratamiento exitoso y mejorar el pronóstico de las pacientes.
El endometrio es el tejido que recubre el interior del útero. Cuando las células de esta capa sufren alteraciones en su ADN, pueden comenzar a multiplicarse de manera descontrolada, formando un tumor. Aunque la causa exacta del cáncer de endometrio aún se desconoce, la Clínica Mayo explica que estas mutaciones permiten que las células cancerosas sobrevivan más tiempo del habitual, invadan tejidos sanos e incluso se diseminen a otras partes del organismo si la enfermedad no se trata oportunamente.
Entre los principales factores de riesgo destaca cualquier condición que altere el equilibrio entre los estrógenos y la progesterona. La obesidad es uno de los más importantes, ya que el exceso de tejido graso incrementa la producción de estrógenos. También elevan el riesgo la diabetes, los trastornos de la ovulación como el síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), la terapia hormonal con estrógenos sin progestinas tras la menopausia y el uso de tamoxifeno para tratar el cáncer de mama. Además, comenzar la menstruación antes de los 12 años, llegar tarde a la menopausia, no haber tenido embarazos y padecer el síndrome hereditario de Lynch también aumentan la probabilidad de desarrollar esta enfermedad.
El síntoma más frecuente es el sangrado vaginal anormal. En mujeres que ya han pasado por la menopausia, cualquier episodio de sangrado debe considerarse motivo de consulta médica inmediata. En mujeres que aún tienen la menstruación, también pueden aparecer sangrados entre periodos o cambios importantes en el patrón menstrual.
Otro signo que puede presentarse es el dolor en la pelvis, aunque suele asociarse a etapas más avanzadas de la enfermedad. Debido a que estos síntomas suelen manifestarse desde fases iniciales, muchas pacientes reciben el diagnóstico antes de que el cáncer se haya extendido.
Para confirmar la enfermedad, los especialistas realizan una evaluación clínica acompañada de pruebas diagnósticas. Estas pueden incluir estudios de imagen y, sobre todo, una biopsia del endometrio, que permite analizar las células del tejido uterino y confirmar la presencia de un tumor. Una vez establecido el diagnóstico, se determina el grado de extensión del cáncer para seleccionar el tratamiento más adecuado.
La Clínica Mayo señala que la cirugía representa el tratamiento de primera elección en la mayoría de los casos. Habitualmente consiste en una histerectomía, es decir, la extirpación del útero, acompañada de la extracción de las trompas de Falopio y los ovarios. Durante la intervención también pueden analizarse o retirarse ganglios linfáticos cercanos para comprobar si el cáncer se ha propagado.
Dependiendo del estadio de la enfermedad y de las características del tumor, el tratamiento puede complementarse con radioterapia, quimioterapia, terapia hormonal o medicamentos de terapia dirigida e inmunoterapia, especialmente en casos avanzados o cuando el cáncer reaparece.
Los especialistas insisten en que no existe una forma segura de prevenir el cáncer de endometrio, pero mantener un peso saludable, controlar enfermedades metabólicas y consultar al médico ante cualquier sangrado vaginal anormal puede favorecer un diagnóstico temprano. Dado que la enfermedad suele manifestarse con síntomas desde sus primeras fases, reconocer las señales de alerta y acudir a revisión médica de manera oportuna puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y una enfermedad más compleja.
