Dejar el cargador del celular conectado a la pared es una práctica habitual en muchos hogares. Este hábito tiene efectos sobre el consumo eléctrico, la seguridad de los dispositivos y el riesgo de daños durante tormentas.
Dejar el cargador del celular conectado a la pared es una práctica habitual en muchos hogares. Este hábito tiene efectos sobre el consumo eléctrico, la seguridad de los dispositivos y el riesgo de daños durante tormentas.
Riesgo de sobretensiones durante tormentas
Uno de los efectos de dejar el cargador enchufado es la exposición a sobretensiones eléctricas, especialmente durante tormentas. No es necesario que un rayo impacte directamente sobre una vivienda para que ocurra un problema: basta con que caiga cerca para que la subida de tensión se propague por la instalación eléctrica y alcance cualquier dispositivo conectado.
La recomendación es que cuando se avecina una tormenta, lo más seguro es desenchufar los aparatos electrónicos de la toma de corriente, incluyendo cargadores de móviles y portátiles. Dejar los cargadores conectados durante tormentas aumenta la exposición de los dispositivos a daños que pueden evitarse con una acción preventiva.
Consumo fantasma: energía desperdiciada que se acumula
El segundo efecto es el consumo fantasma. Aunque un cargador sin dispositivo conectado consume muy poca energía —la mayoría no supera los 0,1 W en vacío— ese consumo nunca es nulo.
A lo largo de un año, mantenerlo enchufado las 24 horas supone un gasto de 0,88 kWh. Al precio medio actual, esto equivale a unos doce centavos de dólar por cargador.
Más allá del cargador del celular, hay numerosos dispositivos que permanecen conectados y consumen energía sin estar en uso, lo que puede tener un impacto en la factura eléctrica acumulada a lo largo del año. Reducir el consumo fantasma es una manera de ahorrar energía y dinero.
Peligros de los cargadores de baja calidad
El tercer efecto está relacionado con la calidad y seguridad de los cargadores. Usar un cargador de baja calidad, sin certificaciones adecuadas, puede derivar en sobrecalentamiento o incluso cortocircuitos. Dejar estos dispositivos conectados permanentemente incrementa el tiempo de exposición a posibles fallos.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), junto con otras entidades europeas, analizó 162 productos comprados en plataformas como Temu y Shein. Los resultados indicaron que 112 de ellos incumplían la normativa europea y uno de cada cuatro resultó potencialmente peligroso.
Los cargadores se llevaron la peor parte: solo 2 de 54 adaptadores USB analizados cumplieron los requisitos eléctricos de la Unión Europea y 14 registraron un sobrecalentamiento excesivo. Si el calor deforma la carcasa, el aislamiento interno puede dañarse, elevando el riesgo de accidente.
Una regla para evaluar si el cargador es seguro consiste en comprobar si se calienta perceptiblemente cuando está enchufado pero sin cargar ningún dispositivo. Si al tocarlo se nota más caliente de lo normal, es aconsejable dejar de utilizarlo y optar por uno de mejor calidad.
Cómo saber si un cargador es rápido o lento
La clave para cargar rápido los dispositivos está en la tecnología USB Power Delivery (USB PD). Este estándar, presente en muchos cargadores USB-C, ajusta automáticamente la energía que recibe cada equipo, evitando sobrecargas y acelerando el proceso.
Así, se puede usar un único cargador para móviles, portátiles y otros dispositivos, asegurando cargas seguras y eficientes sin importar la marca o potencia nominal.
