Un escarabajo originario del sudeste asiático, conocido como barrenador polífago de los orificios de bala, fue detectado en 680 especies de árboles y plantas leñosas. Está presente en todos los continentes excepto la Antártida y causa daños significativos, especialmente en Sudáfrica, donde se estiman pérdidas millonarias.
Un escarabajo diminuto originario del sudeste asiático, identificado como barrenador polífago de los orificios de bala (Euwallacea fornicatus), fue detectado en aproximadamente 680 especies de árboles y plantas leñosas. El insecto se encuentra en todos los continentes excepto la Antártida, y puede trasladarse oculto en madera, plantas y materiales de embalaje.
En Sudáfrica, la plaga fue detectada por primera vez en 2012 y reconocida oficialmente en 2017. Desde entonces, se extendió a ocho de las nueve provincias del país. Los especialistas indicaron que podría haber llegado a Limpopo, la única provincia donde aún no fue identificado.
Francois Roets, profesor de ecología de la conservación y entomología de la Universidad de Stellenbosch, definió al insecto como “el invasor perfecto”. En declaraciones a CNN, explicó que el escarabajo reúne características que dificultan el control de una especie invasora.
El daño no se limita a la perforación de los árboles. Cuando el insecto perfora para reproducirse, transporta esporas de un hongo que se desarrolla dentro de la planta. Este microorganismo bloquea los vasos que transportan agua y nutrientes, e interfiere con las defensas naturales del árbol. Como resultado, las plantas presentan síntomas similares a los de una sequía y pueden morir.
La reproducción del escarabajo también es rápida: una sola hembra puede iniciar una colonia sin necesidad de un macho. Su pequeño tamaño y su capacidad de ocultarse en la madera facilitan su traslado accidental a nuevas zonas.
En Johannesburgo, el avance de la plaga modificó el paisaje urbano. Imágenes satelitales de 2022 mostraron sectores con desaparición de árboles en las calles. Ante la falta de un tratamiento efectivo, una de las medidas principales consiste en retirar y destruir los ejemplares afectados antes de que los insectos se dispersen.
El impacto económico fue calculado en 2022 por investigadores de las universidades de Stellenbosch y Pretoria. Según el estudio, la invasión podría generar costos de hasta 275.000 millones de rands (unos 18.500 millones de dólares al valor de entonces) durante una década en Sudáfrica, considerando la eliminación de millones de ejemplares.
Brian van Wilgen, coautor de la investigación, advirtió que “probablemente podría causar mucho más daño del que hemos estimado”.
Los intentos por frenar la expansión incluyen el estudio de avispas parásitas, ácaros y nematodos como posibles controles biológicos, aunque aún no existe una solución definitiva. Los especialistas señalaron que cualquier método debe probarse cuidadosamente para evitar nuevos problemas ambientales.
El fenómeno no se limita a Sudáfrica. Un estudio publicado en junio indica que el barrenador ya se estableció en países como España, Uruguay y Turquía. Su capacidad para adaptarse a distintos climas podría favorecer una expansión mayor, especialmente con el aumento de las temperaturas.
Las especies invasoras generan costos superiores a los 423.000 millones de dólares anuales a nivel mundial. En el caso de este escarabajo, los investigadores expresaron preocupación por la falta de recursos para combatirlo, lo que podría dificultar aún más su control.
