Un repaso por estudios psicológicos que examinan la relación entre el color negro de la vestimenta y la percepción de agresividad, así como la influencia del contexto en dicha percepción.
La preferencia por vestir de negro puede responder a cuestiones estéticas, de comodidad o de gusto personal. Diversos estudios en psicología han investigado si esta elección modifica la forma en que los demás perciben a quien la adopta.
El experimento que vinculó el negro con la agresividad
En 1988, Mark Frank y Thomas Gilovich, de la Universidad de Cornell, publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology un estudio en el que analizaron uniformes de equipos de fútbol americano y hockey profesional. Observaron que los equipos que vestían de negro recibieron más penalizaciones que aquellos que usaban otros colores. En experimentos posteriores, los participantes tendieron a percibir como más agresivos a los equipos con uniformes negros, y los autores hallaron indicios de que ese color podría influir en el comportamiento de quienes lo vestían. No obstante, los resultados se obtuvieron en un contexto deportivo competitivo, donde la agresividad tiene una connotación distinta a la de la vida cotidiana.
Estudio con 475 participantes
Investigaciones posteriores buscaron comprobar si esas asociaciones se replicaban fuera del ámbito deportivo. Un equipo de la Universidad Masaryk, en República Checa, presentó fotografías modificadas digitalmente a 475 estudiantes secundarios. Los participantes evaluaron a personas cuya ropa aparecía en distintos colores y situaciones. El color negro hizo que los hombres fueran considerados más agresivos, pero el mismo patrón no se observó al evaluar a mujeres. Además, vestir de negro no generó automáticamente una mayor percepción de respetabilidad.
El contexto influye en la interpretación
El mismo experimento mostró que la ropa no se interpreta de forma aislada: el escenario en el que aparecía la persona modificaba las evaluaciones. Así, un mismo color puede adquirir significados diferentes según quién lo lleve, el lugar y la información previa del observador. Por ejemplo, el negro en una reunión formal no produce necesariamente la misma impresión que un uniforme negro en una competencia deportiva.
Estudio que no repitió el efecto
En 2022, Sylwia Zegar y colegas de la Universidad Jaguelónica de Cracovia realizaron dos experimentos sobre la relación entre el color de la ropa y la percepción de agresividad. En el primero, con 144 participantes, una mujer presentada como sospechosa de un delito fue considerada más agresiva cuando vestía de negro que cuando vestía de blanco. En el segundo, con 189 participantes y un avatar en un entorno virtual, el efecto no reapareció.
¿Puede la ropa influir en quien la usa?
La psicología también ha indagado si la vestimenta afecta a quien la lleva, más allá de la percepción del observador. El estudio de Frank y Gilovich sugirió esa posibilidad, pero trasladar esos resultados a la vida cotidiana requiere cautela. Otras investigaciones sobre colores y vestimenta indican que ciertas prendas pueden modificar comportamientos o posturas, pero estos efectos dependen de múltiples factores y no permiten concluir que usar una prenda negra transforme automáticamente la conducta.
