A seis meses del inicio de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, el conflicto se mantiene estancado sin avances decisivos. El cierre del estrecho de Ormuz afecta el tráfico marítimo y los mercados energéticos, mientras que en Washington se registra un descenso en la aprobación presidencial y presiones en el Congreso para poner fin a las hostilidades.
El conflicto armado entre Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado hace más de seis meses, no ha alcanzado sus objetivos declarados y se encuentra en una fase de estancamiento. Según el balance actual, no se registran ofensivas decisivas ni rendiciones, y el enfrentamiento ha derivado en un desgaste mutuo con consecuencias humanitarias y económicas.
Uno de los efectos principales es el bloqueo del estrecho de Ormuz, aplicado por Irán desde el 28 de febrero. De acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el tránsito de buques de carga en esa vía cayó respecto al promedio de 129 naves diarias registrado entre el 1° y el 27 de febrero. Antes del conflicto, por ese estrecho circulaba aproximadamente el 20% del crudo mundial.
El cierre ha generado un impacto en los mercados energéticos globales. Europa, China, India y el propio Irán, que depende de la venta de petróleo, enfrentan las consecuencias del bloqueo. La incertidumbre sobre el suministro ha elevado los precios del crudo y ha contribuido a presiones inflacionarias en varias economías.
En el ámbito político interno de Estados Unidos, la aprobación de la acción militar contra Irán muestra un descenso. Según una encuesta de Reuters/Ipsos, el 31% de los estadounidenses apoya la medida, frente al 37% registrado en marzo. La credibilidad del presidente Donald Trump se ha visto afectada por la falta de resultados en el conflicto y por el aumento del costo de vida vinculado a la crisis energética.
En el Congreso, legisladores republicanos han expresado presión para finalizar el conflicto, mientras que demócratas advierten sobre los riesgos de una guerra prolongada. También se han difundido advertencias de círculos militares sobre el agotamiento de recursos estratégicos, en un contexto de elecciones de medio término previstas para el 3 de noviembre.
El gobierno de Estados Unidos anunció una estrategia de aislamiento económico contra Irán, con nuevas sanciones coordinadas con la Unión Europea. Esas medidas han reducido las exportaciones de crudo iraní y han generado escasez de insumos en hospitales e industria, según reportes. Irán, por su parte, ha utilizado el conflicto para justificar medidas internas y ha respondido con misiles y ciberataques a través de aliados en Irak, Líbano y Yemen.
Irán mantiene la capacidad de afectar la navegación en el Golfo, pero no ha logrado romper su aislamiento. Estados Unidos conserva capacidad militar para infligir daño, pero no ha conseguido una victoria declarada. La estrategia de presión máxima no ha producido un cambio de régimen en Teherán.
Los canales de comunicación indirecta entre ambas partes, utilizados en el pasado para reducir tensiones, se han interrumpido. Qatar y Pakistán han insistido en la búsqueda de una salida diplomática, aunque no se ha informado de avances concretos.
