Rayma Suprani, periodista y caricaturista venezolana de 57 años, dialogó con LA NACION sobre su trayectoria en Venezuela y Estados Unidos, sus inicios en el dibujo y los proyectos que desarrolla en la actualidad.
Las imágenes presentan mensajes connotados a través de sus colores, encuadre e iluminación. Con solo un vistazo, la persona puede interpretar diferentes conceptos. Esta es la premisa central de la caricatura, un canal utilizado por Rayma Suprani, periodista venezolana de 57 años que a través del dibujo busca expresar la libertad de aquello que suele estar oculto.
Los primeros trazos de Rayma e inspiraciones
Suprani descubrió desde muy pequeña su talento para el dibujo. Al ser una niña tímida, utilizaba el trazo como una herramienta para observar y comunicarse con su entorno.
“Yo no tenía mucha cancha para hablar, así que mi comunicación estaba en el dibujo”, dijo en diálogo con LA NACION.
Mientras descubría su habilidad en el diseño, su madre le compraba recopilaciones de la tira cómica Mafalda. Dicho personaje le hizo comprender el rol de la comunicación para abordar contextos complejos.
“Me inspiró mucho el maestro Quino. De pequeña, comencé a entender los mensajes ocultos entre los guiones y la libertad de poder decir las cosas que están ocultas”, reflexionó.
“Yo creo que ahí radica la magia del caricaturista. Es decidir hablar y decir las cosas como Mafalda”, agregó.
Además de Quino, su infancia se vio influenciada por caricaturistas y dibujantes mexicanos cuyos trabajos aparecían en los cómics de los periódicos venezolanos de la época.
Los inicios de Rayma como caricaturista en Venezuela
Cuando estudiaba Comunicación y al ver que podía interpretar y traducir su entorno desde una perspectiva periodística a través del dibujo, supo que quería dedicarse al trazo durante toda su vida.
“Todo lo dibujaba y era mi forma de traducir el mundo, pero no entendía cómo lo iba a canalizar dentro de mi profesión. Así que, al estudiar Comunicación Social, descubrí que podía formar parte de un cosmos comunicacional”, señaló.
Una vez se recibió de la universidad, trabajó 19 años en el diario El Universal, donde realizaba una viñeta diaria. En coincidencia con el gobierno de Hugo Chávez, aseguró que realizar una caricatura diaria representó un reto que describió como una exigente “gimnasia olímpica del trazo”.
“Para mí, El Universal fue una escuela muy grande. Durante esos años fue duro porque el país estaba muy polarizado y uno siempre busca que el lector crea en ti y te busque”, sostuvo.
“Mantenerte en esa gimnasia olímpica en un diario es todo un reto. Sin embargo, para mí fue maravilloso y me nutrió como escuela periodística, comunicacional y gráfica”, añadió.
Incidente en El Universal y el nuevo camino de Rayma
Rayma señaló que El Universal fue vendido a un “consorcio fantasma” y que, a partir de ese cambio, se instauró una nueva línea editorial.
Un día, el nuevo editor la citó a una reunión y le exigió que “bajase el volumen” de sus contenidos y adoptase una postura más dócil.
Como respuesta a dicha petición, la caricaturista tomó en cuenta las enseñanzas de Mafalda. “Quieren que le baje dos, entonces yo le subo tres”, remarcó.
En 2014, Rayma publicó una caricatura crítica del sistema de salud público venezolano. Poco después, fue despedida del periódico, lo que puso fin a su trayectoria en su escuela periodística.
La nueva etapa de Rayma tras El Universal
Su salida de El Universal la llevó a buscar nuevos escenarios para comunicar y trasladó su trabajo a las redes sociales. Pero fue una etapa también marcada por amenazas y múltiples citaciones de la Fiscalía venezolana. Ante el temor por su integridad física, tomó la decisión de abandonar Venezuela para poder trabajar con libertad.
En 2015, emigró a Estados Unidos, donde vive desde hace más de diez años. Su proceso migratorio supuso un reto para la caricaturista en términos físicos, materiales y emocionales, puesto que significó “empezar de cero”.
“Cuando sientes que un Estado te persigue y recibes amenazas de esa índole, tienes miedo incluso de dar tu dirección. Con ese contexto, se generó una situación muy difícil que me llevó a tomar la decisión de irme de Venezuela. Algo que, en realidad, nunca quise hacer”, aseguró.
“Cambia todo al emigrar. Primero, porque el agarrar tu maleta e irte significa que ya eres un inmigrante, y segundo, porque tienes que aprender de cero cómo vas a vivir, qué vas a trabajar, dónde vas a vivir”, remarcó sobre su proceso migratorio.
“Todas tus necesidades básicas que tenías cubiertas en tu país ya no existen más”, añadió Rayma.
Pese a estos percances, su nuevo contexto expandió su mirada como caricaturista al abordar un plano mucho más global. Sus trazos comenzaron a reflejar que el control social y la manipulación de los ciudadanos no son exclusivos de un solo país, sino que se orquestan a nivel mundial.
“Yo, inmigrante” y “Amor en tiempos de Trump”: los proyectos internacionales de Rayma
El primer proyecto de la venezolana en EE.UU. fue “Amor en tiempos de Trump”, un conjunto de obras situadas durante la primera campaña y candidatura presidencial de Donald Trump frente a Hillary Clinton que abordaba, de forma directa, la persecución hacia la inmigración latina y la forma en que se perfilaban las tensiones sociales.
“Fue una exposición que me permitió entender lo que sucedía aquí [en Estados Unidos]”, aseguró.
Luego, con el objetivo de comprender su propia experiencia desde el exilio, comenzó a trabajar en una muestra que convertiría en libro: “Yo, inmigrante”.
Sus dibujos se transformaron en un canal para asimilar y procesar el desarraigo, las capas del duelo y la nostalgia que implica emigrar.
“Yo empiezo a trabajar ‘Yo inmigrante’ para tratar de entender mi propia inmigración. Es como esa frase de Albert Einstein que decía: ‘Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo’. Y es cierto”, detalló.
Lo que inició como un desahogo personal se transformó en una “terapia colectiva” en lugares como México, Barcelona, Madrid y EE.UU. Entre los símbolos más recurrentes en sus obras se encuentra la maleta, que aborda bajo la idea de que “la vida es un viaje y la valija es uno mismo”.
“La maleta ha sido el tema más recurrente a desarrollar. Es un objeto en el que puedes meter las cosas que necesitas. Al darte cuenta de que la valija eres tú, ves tus vivencias como lo que te vas a llevar a tu destino”, analizó sobre el símbolo detrás de la maleta.
La creación de esta obra y su simbología están ligadas a las raíces y recuerdos de su propio hogar. Sus abuelos son inmigrantes italianos que llegaron a Venezuela huyendo de la guerra con baúles de madera que se conservaron como “tesoros” en su familia.
“Estos baúles eran muy preciados y tenían historia. Eran un símbolo del pasado de la inmigración”, señaló.
Inspirada por su contexto familiar, Raima creó una caricatura especial para la exposición de “Yo, inmigrante” en Ciudad de México.
Esta ilustraba la evolución del equipaje humano mediante tres empaques:
- El baúl (pasado): representado por los baúles históricos de madera de sus abuelos.
- La maleta (presente): El equipaje moderno y con diseño que utilizamos hoy en día.
- El ataúd (futuro): El empaque final de nuestra existencia. Busca representar que, más allá del cuerpo físico, el equipaje definitivo de un ser humano es la vivencia íntima de haber vivido y disfrutado la vida.
Los nuevos trazos de Rayma
La caricaturista piensa el futuro con nuevos trazos sin líneas definidas. Entre sus próximos proyectos está el indagar, a través de sus dibujos, la evolución de la mujer moderna; el generar cuestionamientos a su lector y develar los mecanismos que “manipulan, adormecen o desconectan a la sociedad”.
“Hay tantos temas maravillosos que el dibujo puede acompañar que no quiero sentir que falta un trazo por crear. La página en blanco es fundamental porque es como lanzarse en paracaídas: tú te la tienes que jugar, disfrutarla y ver cómo abre ese paracaídas”, dijo.
El objetivo de Rayma no es proveer respuestas o verdades absolutas, sino acompañar a su audiencia a través de sus dibujos.
Esta mirada se asemeja a la pequeña niña dibujada por Quino, cuyos pensamientos y reflexiones sobre su entorno han acompañado, hasta la actualidad, el trazo de la venezolana.
