Mercedes Rattagan, de 49 años, y Carlos, médico deportólogo, vieron caer su emprendimiento Saber Comer, dedicado a viandas saludables, ante el avance de las redes sociales y las nuevas tendencias digitales. Tras años de éxito, evaluaron cerrar o adaptarse al nuevo contexto.
Mercedes Rattagan, licenciada en nutrición, y Carlos, médico deportólogo, fundaron en diciembre de 2004 el emprendimiento Saber Comer, dedicado a la elaboración y venta de viandas saludables. El negocio, que comenzó en el departamento de Carlos con seis clientes, llegó a tener una camioneta propia para repartos y una cocina equipada en una casa con quincho.
Según relató Rattagan, el proyecto surgió de su interés por la fisiología y la nutrición clínica, y de la necesidad de ofrecer a los pacientes una solución práctica para sus planes alimenticios. «El teléfono no paraba de sonar y enseguida pasamos a veinte clientes y después a treinta», declaró.
En 2005 la pareja se casó y Carlos se sumó al emprendimiento. Con el correr de los años, el negocio creció y sumaron cocineros. Rattagan recordó que en ese momento «el paquete de catorce viandas valía cinco pesos».
Con la llegada de la pandemia de COVID-19, la competencia en el sector se incrementó debido al auge del comercio electrónico y las redes sociales. Rattagan notó que cada vez más clientes optaban por viandas sin supervisión nutricional y que las redes sociales ganaban terreno en la difusión de dietas y tendencias. «Lejos de ser un buen aporte, la nutrición digital confunde mucho más porque tenés un montón de opciones de cómo comer; a mí eso me sacó un montón de pacientes», afirmó.
Durante la cuarentena, Rattagan se sintió desbordada y dejó el negocio en manos de Carlos y una nutricionista. En los cuatro años siguientes, la facturación decayó. «Tenía que levantar un muerto, levantar de vuelta la facturación, generar confianza», describió.
En una cena con madres del colegio de su hija, Rattagan sintió que su trabajo ya no era reconocido. «Al volver a mi casa me invadió una tristeza de sentir que todo el trabajo que había hecho durante años no lo conocían, que su época dorada había pasado. Entonces dije: ¿qué hago? ¿cierro o vuelvo a empezar?», relató.
Con terapia de por medio, decidió continuar y adaptarse a las nuevas tendencias. Comenzaron a ofrecer planes sin harinas, keto, sin TACC y vegetarianos. Además, Carlos incorporó viandas familiares y para eventos, como bondiola, ragout de pollo y hongos, y tablas de picada.
Rattagan manifestó que le cuesta adaptarse a las redes sociales: «Me cuesta un montón porque soy como un dinosaurio, somos de otra generación, me costó mucho esto, yo estoy acostumbrada a hablarle a una persona, no a una cámara».
El emprendimiento sigue funcionando con una propuesta renovada, aunque Rattagan expresó su esperanza de «volver a poner en valor la figura del nutricionista».
