Un estudio de la Biblioteca Cochrane con participación argentina revisó nueve ensayos clínicos y concluyó que no hay pruebas suficientes para recomendar el cannabis medicinal como tratamiento contra el insomnio.
Dormir mal es un problema que afecta la calidad de vida, altera el rendimiento cotidiano y puede favorecer trastornos como la ansiedad y la depresión. En los últimos años, el cannabis medicinal comenzó a ganar terreno como una posible alternativa para quienes padecen insomnio. Sin embargo, una nueva revisión científica internacional pone en duda sus beneficios y advierte que todavía no hay pruebas suficientes para recomendarlo como tratamiento.
La investigación, publicada esta semana por la Biblioteca Cochrane, tuvo una importante participación argentina. Fue encabezada por especialistas del Centro Asociado Cochrane de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires, junto con investigadores de la Universidad de Manitoba, Canadá. El equipo revisó nueve ensayos clínicos que involucraron a 537 adultos de entre 18 y 76 años.
Los resultados no fueron demasiado alentadores. En comparación con el placebo, el cannabis medicinal mostró poca o ninguna mejoría clínicamente significativa en aspectos centrales del descanso: la calidad del sueño, la cantidad de horas dormidas y el funcionamiento durante el día. Tampoco fue posible establecer beneficios consistentes sobre el bienestar general de los pacientes.
Pero los investigadores hacen una aclaración fundamental: la ausencia de pruebas sólidas no significa que el tratamiento sea necesariamente ineficaz. Lucía Varela, autora principal del trabajo e investigadora vinculada al Hospital Italiano y a la Universidad de Manitoba, explicó que los estudios disponibles todavía no permiten determinar con suficiente certeza si estos productos ayudan a las personas con insomnio.
La revisión también encontró algunas señales de alerta. Los participantes que recibieron cannabis medicinal experimentaron más efectos adversos, especialmente mareos y sequedad bucal, que quienes utilizaron placebo. Aunque generalmente fueron leves, los especialistas consideran necesario investigar mejor los posibles riesgos asociados con tratamientos prolongados.
Otro problema fue la calidad de las investigaciones. Muchos ensayos incluyeron pocos pacientes, utilizaron formulaciones diferentes de THC y CBD y tuvieron seguimientos breves. El estudio más prolongado duró apenas 12 semanas. Además, el 72,66% de los participantes fueron mujeres, lo que dificulta extender las conclusiones a otros grupos de población.
Frente a estas incertidumbres, las recomendaciones médicas siguen privilegiando otras alternativas. La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño considera que la terapia cognitivo-conductual específica para el insomnio constituye el tratamiento inicial recomendado. Este abordaje busca modificar hábitos y pensamientos que dificultan el descanso y cuenta con evidencia científica más consistente.
Luis Garegnani, investigador del Hospital Italiano y otro de los autores del trabajo, sostuvo que los resultados no deberían interpretarse como una aprobación ni como un rechazo definitivo al cannabis medicinal. La conclusión es más prudente: hacen falta investigaciones mejor diseñadas, con más pacientes y seguimientos prolongados, antes de recomendar su utilización generalizada contra el insomnio.
