Inti Bonomo, licenciado en Ciencias Ambientales, analizó en LN+ la relación entre la nubosidad persistente y las temperaturas frescas de octubre, y anticipó que el fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad en diciembre, con efectos que se prolongarían hasta los primeros meses de 2024.
Inti Bonomo, licenciado en Ciencias Ambientales, explicó en una entrevista con LN+ que la nubosidad persistente es uno de los factores que explican las temperaturas frescas registradas en octubre en el centro de la Argentina, en contraste con jornadas más cálidas en otras regiones del país.
Según Bonomo, el calentamiento del océano asociado a El Niño modifica la circulación atmosférica y favorece la llegada de humedad al centro del país. Esa humedad genera una extensa cobertura nubosa que reduce la radiación solar que alcanza la superficie y contribuye a demorar el ascenso de las temperaturas.
«Ahora va a seguir creciendo y el pico va a ser en diciembre», sostuvo el especialista, aunque aclaró que se trata de un pronóstico sujeto a cambios y que sus consecuencias no desaparecerían inmediatamente después de ese máximo.
Bonomo diferenció el efecto del fenómeno sobre la temperatura global de lo que puede ocurrir en una región particular. Explicó que un aumento de la temperatura a escala planetaria puede coexistir con condiciones más frescas en el centro de la Argentina, donde la cobertura de nubes limita el calentamiento durante el día.
Para ilustrarlo, comparó la situación con la diferencia entre usar ropa blanca o negra bajo el sol: las superficies claras reflejan una mayor proporción de la radiación, mientras que las oscuras absorben más energía. Con las nubes, indicó, ocurre un proceso similar que ayuda a entender la persistencia del tiempo fresco.
Respecto al pico del fenómeno, Bonomo precisó que no debe interpretarse automáticamente como el mes de mayor frío o de más lluvias en cada localidad, sino como el máximo de la anomalía positiva de temperatura del océano, es decir, el punto a partir del cual ese calentamiento comienza a disminuir. La respuesta de la atmósfera, en cambio, puede extenderse más allá de ese momento.
«Va a seguir hasta febrero, marzo, abril, por lo menos», expresó al referirse a la persistencia de la humedad incorporada al aire durante el desarrollo del proceso. Así, planteó que un eventual máximo en diciembre no implicaría un cambio inmediato de las condiciones.
Finalmente, Bonomo introdujo otro aspecto del papel de la nubosidad: además de reflejar parte de la radiación solar durante el día, las nubes pueden dificultar la pérdida de parte del calor que ya ingresó. Ese mecanismo, sostuvo, podría favorecer temperaturas más estables, al moderar las diferencias entre los momentos de mayor calentamiento y aquellos en los que la superficie pierde energía.
