El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta este martes unas elecciones legislativas en las que se define la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado, y que son interpretadas como un referéndum sobre su gestión.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afronta este martes unas elecciones de medio mandato en las que se juega el control republicano del Congreso y su capacidad de influencia durante los dos últimos años de su mandato, con las encuestas a favor de la oposición demócrata.
Aunque no figura en la papeleta, los comicios se han convertido en un referéndum sobre su gestión. Trump ha pedido a sus seguidores que voten como si su nombre apareciera en ella, en un intento de movilizar a sus votantes más fieles.
La popularidad del presidente ha caído durante la campaña hasta un mínimo del 31 %, según una encuesta de Reuters e Ipsos, lo que amenaza con afectar a la mayoría republicana en ambas cámaras. El descontento con el coste de la vida, el encarecimiento de la gasolina y la impopular guerra de Irán se han convertido en lastres para el mandatario y su partido.
Según el agregador Decision Desk, los demócratas tienen un 80 % de probabilidades de recuperar la Cámara de Representantes (actualmente 219 republicanos a 214 demócratas) y un 57 % de hacerse también con el control del Senado (actualmente 53 republicanos a 47 demócratas).
Ante este escenario, Trump ha dedicado la recta final de la campaña a una gira por el país, con mítines casi diarios en estados tradicionalmente republicanos donde la contienda se presenta más reñida de lo previsto, como Texas, Ohio, Iowa, Kansas, Misisipi, Carolina del Norte y Carolina del Sur.
En septiembre, el mandatario prometió 5.000 dólares a cada ciudadano si los republicanos conservan ambas cámaras, una propuesta que la oposición ha calificado de «soborno político».
Trump también se enfrenta a la tendencia histórica: los presidentes recientes han visto cómo sus partidos perdían apoyos en las elecciones de medio mandato, una tendencia que el propio republicano sufrió durante su primera presidencia (2017-2021).
Si los demócratas recuperan la mayoría en la Cámara de Representantes, podrán bloquear parte de la agenda presidencial, controlar comisiones e intensificar las investigaciones sobre el Gobierno. La oposición tampoco descarta utilizar su eventual mayoría para someter a Trump a un nuevo juicio político, como ya hizo en dos ocasiones durante su primer mandato, aunque una destitución sería muy improbable por las amplias mayorías necesarias para lograrla.
El cambio de mayoría en el Senado se presenta más complicado, ya que solo se renueva un tercio de sus escaños y los demócratas necesitarían conservar los que tienen y arrebatar al menos cuatro a los republicanos en estados decisivos. La Cámara Alta desempeña un papel clave en la política exterior y en la confirmación de los nombramientos presidenciales para el gabinete y el Tribunal Supremo.
La pérdida de una o ambas cámaras convertiría a Trump en un «pato cojo»: un presidente que, al no poder optar a la reelección, afronta la recta final de su mandato con una capacidad de influencia mermada.
Tras las legislativas, podrían empezar a perfilarse los aspirantes republicanos a sucederlo en las elecciones presidenciales de 2028, con el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, entre los principales favoritos.
En cualquier caso, la pérdida de mayorías legislativas no le arrebataría sus atribuciones presidenciales: Trump conservará intactos sus poderes constitucionales hasta el final de su mandato, el 20 de enero de 2029.
