El sacerdote César Scicchitano Tagle testificó ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.º 29 en la causa por el homicidio de Cristian «El Gringo» Díaz, ocurrido en julio de 2018. Describió la relación con el músico, sus temores y el contexto de violencia en el barrio Samoré.
El sacerdote César Scicchitano Tagle, conocido como el «cura rockero», declaró este lunes 2 de noviembre ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.º 29 en el juicio que se sigue contra Cristian «Pity» Álvarez por el homicidio de Cristian Maximiliano «El Gringo» Díaz, ocurrido en julio de 2018 en el barrio Samoré de Villa Lugano.
«Está muy lejos de ser un asesino», sostuvo Scicchitano Tagle ante los jueces, en referencia al músico. La frase se produjo cuando habló de la canción que grabó junto a Álvarez y de cómo, según su opinión, había sido tratado públicamente desde el crimen. Su declaración, a la que accedió PERFIL, estuvo atravesada por recuerdos de internaciones, episodios de violencia, consumo de drogas y una amistad que, según explicó, «fue mucho más allá de la música».
El sacerdote fue convocado como testigo de la defensa y habló durante varias horas sobre la vida de Álvarez antes y después del homicidio. Desde el comienzo hizo una aclaración: «Si bien no estuve el día que pasó lo que pasó, estuve muchas veces y a distintas horas del día». No presenció el enfrentamiento con Díaz, pero conocía de cerca las condiciones en las que vivía el cantante.
«Cristian me llamaba a las dos de la mañana, a las cuatro, a las tres de la tarde, a todo horario», recordó el padre César. Según contó, Pity estaba convencido de que podían entrar a robarle y se alteraba cada vez que alguien golpeaba la puerta de su departamento.
El músico había tomado distintas precauciones. Instaló una luz con sensor de movimiento que se encendía cuando alguien se acercaba a su vivienda y llegó a trabar las ventanas con maderas. Scicchitano Tagle recordó que, incluso cuando él estaba de visita, Álvarez seguía pendiente de lo que ocurría afuera.
En la planta baja del edificio solía reunirse un grupo de seis, siete u ocho personas. El sacerdote contó que muchas veces se cruzaba con ellos cuando llegaba de madrugada. Algunos buscaban al músico para pedirle dinero o drogas. Los pedidos se volvían insistentes y agresivos. «Mirá, vení que te necesito, estoy tranquilo estando con vos», recordó que le decía Pity cuando le pedía que fuera a acompañarlo.
Álvarez le pedía que lo llamara apenas estuviera dentro de su auto. «Hablame por teléfono cuando llegues al auto, no quiero que te pase nada, mirá que son gente jodida», le decía.
Scicchitano Tagle aseguró que Cristian «El Gringo» Díaz era una de las personas que había visto en aquel grupo. Lo recordó al reconocer su fotografía después del homicidio. También contó que alguna vez vio un arma en la cintura de uno de los jóvenes, aunque no identificó a Díaz como la persona que la llevaba.
Para el sacerdote, el consumo problemático de distintas sustancias agravaba la desconfianza del músico. «Es un hombre invadido por el miedo», aseguró ante el tribunal.
El día que tuvo que llevar a Pity al hospital
El sacerdote repasó estos episodios para explicar el contexto de violencia en el que vivía Pity antes del crimen: los grupos, los «aprietes», las amenazas, los códigos que, según su testimonio, regían las relaciones entre quienes frecuentaban ese lugar.
En ese escenario, recordó uno de los ataques que sufrió el músico cuando una vecina lo apuñaló en su departamento. Fue su entonces pareja quien lo llamó para pedirle ayuda. Cuando llegó, lo encontró gravemente herido y se ocupó de que recibiera atención médica, pese a que Álvarez se resistía.
«Lo recuerdo a él bañado en sangre», declaró.
El propio Pity también se refirió a ese ataque durante su declaración de este lunes. Contó que la vecina había ido a su departamento a pedirle drogas y que, ante su negativa, comenzó a insistir. «Le grité de mala manera que no tenía», recordó.
Según relató, la mujer llegó a arrojar fuego por debajo de la puerta, que logró apagar con un matafuegos. Pero la situación escaló y cuando salió para hablar con ella, lo atacó con un cuchillo. «Me tiró dos puntazos, uno acá y otro acá», señaló ante los jueces. El músico aseguró que se negó a recibir atención médica hasta que perdió el conocimiento.
«No sé cómo llegué ahí porque a mí me sacaron de mi casa en silla de ruedas», sostuvo. Y explicó por qué había decidido contar ese episodio en el juicio: «Explico esto para que se entienda el contexto del lugar donde vivía. Mi propia vecina me hizo esto».
Por su parte, el sacerdote aseguró que, con el paso del tiempo, Álvarez se había vuelto cada vez más temeroso de salir de su casa.
El sacerdote también habló del accidente de moto que Pity sufrió en 2017, por el que tuvo que ser operado de la cadera y de una rodilla. Contó que la recuperación fue difícil y que, desde entonces, el músico tenía problemas para caminar y muchas veces necesitaba ayuda para moverse.
Además, contó que Álvarez llegó a quedarse en su propia casa porque tenía miedo de regresar al barrio Samoré.
El arma de Pity Álvarez
Uno de los momentos centrales de la declaración estuvo relacionado con las armas. Scicchitano Tagle contó que había hablado con el músico sobre el tema y que Álvarez creía que estar armado podía protegerlo de quienes, según él, querían hacerle daño. El sacerdote aseguró que intentó disuadirlo. «Cristian, no es bueno», recordó haberle dicho.
«Yo no voy a hacer nada a nadie», le contestaba Pity.
Scicchitano Tagle insistió en que, durante los años que lo acompañó, conoció a una persona tranquila y afectuosa. También recordó sus visitas a la cárcel, donde, según contó, los agentes penitenciarios le habían comentado que Álvarez compartía canciones con otros detenidos.
Sobre el enfrentamiento que terminó con la muerte de Díaz, el sacerdote consideró que Pity pudo haber entrado en pánico durante la discusión, sobre todo porque estaba acompañado por su entonces pareja.
También aclaró que no presenció el hecho, sostuvo que «para mí son dos víctimas», en referencia al músico y al joven asesinado, y expresó su respeto por la familia de «El Gringo» Díaz.
«Falopero», la canción del padre César y Pity
La relación entre el padre César y Pity comenzó alrededor de 2008 o 2009, cuando el guitarrista Carlos Alberto «el Negro» García López los presentó. Con el tiempo volvieron a encontrarse y el sacerdote empezó a acompañarlo durante sus internaciones y tratamientos.
Scicchitano Tagle es sacerdote, pero también músico. Desde hace años combina su actividad pastoral con el rock, una faceta que le valió el apodo de «cura rockero». Durante su declaración contó que su trabajo con personas en situación de vulnerabilidad y su vínculo con Álvarez eran conocidos por Jorge Bergoglio, el papa Francisco, quien, según recordó, veía con buenos ojos ese acompañamiento.
La música también fue una manera de mantenerse cerca de Pity después de su detención. En 2018, el sacerdote escribió «Falopero», una canción que buscaba cuestionar la estigmatización de las personas con consumos problemáticos.
La idea original era que la interpretara otro artista, pero cuando se la mostró a Álvarez, el cantante quiso participar.
El proyecto quedó pendiente hasta que pudieron encontrarse en el estudio que el sacerdote tiene en su casa. La canción terminó formando parte de Cambio de planes, el trabajo discográfico del padre César, publicado años después.
Al explicar por qué escribió la canción, Scicchitano Tagle cuestionó la manera en que se habló públicamente del músico. «A mí me duele que estén hablando de un asesino. Está muy lejos de ser un asesino», sostuvo.
Y aclaró que sus críticas no estaban dirigidas al tribunal, sino a quienes opinaban sobre el caso «sin conocerlo en profundidad».
Durante el interrogatorio de la Fiscalía, Scicchitano Tagle reconoció que nunca le preguntó directamente a Pity qué había ocurrido aquella madrugada con Cristian Díaz. Su testimonio, aclaró, se basó en los años que compartieron y en las situaciones que presenció antes y después del crimen.
«Hay una amistad, pero también hay como una hermandad. Me siente también como un padre, de alguna manera», explicó ante los jueces. Esa cercanía, que comenzó mucho antes del crimen de Villa Lugano, es la que el padre César llevó este lunes al juicio.
