Considerada una joya del arte islámico, la Gran Mezquita de Qairuán es el monumento más representativo de la dinastía aglabí y un testimonio del rico legado cultural del norte de África.
La ciudad de Qairuán, ubicada a 160 kilómetros al sur de la capital tunecina, alberga uno de los monumentos islámicos más antiguos e importantes: la Gran Mezquita. Fundada originalmente hacia el año 670, fue completamente reedificada en el 836 por el emir aglabí Ziyadat Allah I. Su arquitectura es un ejemplo cumbre del estilo aglabí, que dominó la región de Ifriqiya (actuales Túnez, este de Argelia y oeste de Libia) entre los siglos IX y X.
La mezquita ocupa una superficie de 125 por 75 metros y su sala de oración hipóstila cuenta con 17 naves y 444 columnas. Entre sus elementos más destacados se encuentran el alminar, de 31.5 metros de altura y considerado el más antiguo del mundo en funcionamiento, y la cúpula sobre el mihrab, añadida en el 862, que filtra la luz natural hacia el nicho que indica la dirección a La Meca. También conserva un minbar (púlpito) de madera del siglo IX, uno de los más antiguos que se conocen.
La historia de la región se remonta a tiempos fenicios y cartagineses, y posteriormente fue gobernada por diversas dinastías musulmanas como los omeyas, fatimíes y hafsíes, estas últimas responsables de importantes renovaciones que permitieron que el edificio llegara prácticamente intacto hasta la actualidad. La mezquita no es solo un lugar de culto, sino también un centro de estudio que contribuyó a que Qairuán fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El artículo fue elaborado con información del secretario de Cultura del Centro Islámico de la República Argentina, Ricardo Elía, quien también destacó la celebración del fin del Ramadán en la sede de dicha institución en Buenos Aires, un evento que congregó a una numerosa comunidad de fieles, diplomáticos y autoridades.
