A casi cuatro décadas de la inundación que lo sumergió, el caso de Villa Epecuén, en la provincia de Buenos Aires, sigue siendo un testimonio de transformación y memoria, explorado en la reedición del libro de Josefina Licitra.
A unos 500 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, casi en el límite con La Pampa, existió Villa Epecuén, un pueblo balneario que en noviembre de 1985 comenzó a inundarse bajo las aguas saladas del lago homónimo. La conjunción de intensas lluvias, la saturación de la cuenca subterránea y obras hídricas deficientes provocaron que el lago cubriera por completo el poblado, desplazando de manera permanente a sus casi dos mil habitantes.
Dos décadas después, las aguas retrocedieron y Villa Epecuén reapareció, convertida en un paisaje desolado y petrificado por la sal, un escenario único en el mundo que atrae por su aspecto espectral. Este es el punto de partida de la reedición de El agua mala. Crónica de Epecuén y las casas hundidas, de la periodista y escritora Josefina Licitra.
La autora, quien llegó al lugar en 2013, tres décadas después de la inundación y cinco años de su reemergencia, reconstruye lo sucedido a través de testimonios de los antiguos pobladores. «Epecuén no se salva, hay cuarenta y ocho horas para la evacuación total y obligatoria», fue el anuncio que marcó el destino del pueblo, un evento que, si bien fue sospechado y anunciado, muchos negaron hasta el último momento.
El libro no se limita a la crónica del desastre, sino que indaga en el pasado de la zona, recolectando signos para intentar descifrar el destino de este lugar petrificado. Plantea interrogantes sobre la historia regional, como los sucesos de fines del siglo XIX en las barrancas del lago y las dinámicas sociales entre los primeros comerciantes, aunque sin dar respuestas definitivas, dejando abierta la interpretación sobre el sentido último de esta historia aún cubierta de salitre.
