El gobierno peruano anunció un ambicioso objetivo de reforestación para el primer semestre de 2026, que busca combinar la recuperación de ecosistemas con el desarrollo económico.
Perú estableció un objetivo claro para el primer semestre de 2026: una plantación masiva de 2,5 millones de árboles en un período de seis meses, presentada como una «ofensiva verde» con potencial para batir récords nacionales. El plan se fundamenta en dos pilares. Uno es ambiental, orientado a recuperar cobertura vegetal, fortalecer ecosistemas y aumentar la resiliencia frente a la degradación y eventos extremos. El otro es económico-social, con el fin de movilizar viveros, generar empleo rural y activar cadenas productivas asociadas, buscando que la iniciativa tenga continuidad más allá de un gesto simbólico.
Sin embargo, la promesa del récord conlleva grandes desafíos logísticos. Plantar es solo el inicio; para que la cifra sea significativa, es necesario producir millones de plantones, transportarlos a regiones diversas, preparar suelos, coordinar mano de obra y actuar en las ventanas climáticas adecuadas. En un país con selva, Andes y costa, los calendarios de siembra son múltiples. Una plantación fuera de temporada puede comprometer la supervivencia de los árboles.
Otro punto crítico es la selección de especies. En programas de esta escala suele combinarse la restauración ecológica con plantaciones de valor productivo. Esto exige decisiones precisas sobre dónde utilizar especies nativas para recuperar ecosistemas y dónde optar por especies de crecimiento rápido para fines económicos. El equilibrio es crucial, ya que una plantación «exitosa» en números puede convertirse en un problema ecológico si no está bien diseñada.
La comunicación oficial también ha destacado la dimensión de infraestructura, mencionando la expansión de viveros y metas complementarias para años posteriores, lo que sugiere que el objetivo de 2026 se concibe como el primer paso de una política de más largo alcance.
El desafío más complejo, no obstante, llegará después de la plantación. En reforestación, la métrica clave no es cuántos árboles se plantan, sino cuántos sobreviven al primer y tercer año. En ello intervienen el riego inicial, la protección frente al ganado, incendios y plagas, y el seguimiento técnico. Si la logística es la primera prueba, el mantenimiento es la prueba definitiva.
El anuncio mezcla, por tanto, la épica de una cifra récord con la responsabilidad de su sostenibilidad. En 2026, Perú buscará demostrar que su «ofensiva verde» puede trascender el titular periodístico para convertirse en un bosque real.
