La investigadora, con más de 20 años de trayectoria en el CONICET, fundó una empresa para crear un método de diagnóstico temprano menos invasivo. Repasa su formación y los desafíos de la ciencia.
Marina Simian (54), científica argentina, destaca el mérito y la dedicación detrás de su carrera. Su interés por la ciencia comenzó en el colegio y se consolidó en la UBA, donde la docencia de Alberto Kornblihtt la orientó hacia la biología molecular. Realizó su doctorado en la Universidad de California y un posdoctorado en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo.
Tras más de dos décadas como investigadora del CONICET, especializada en biología del cáncer, en 2021 fundó una empresa junto a Adriana de Servi, enfocada en la detección temprana del cáncer de mama mediante un análisis de sangre. «El camino del investigador es largo, tedioso y frustrante a veces», afirma Simian, quien subraya la necesidad de motivación, tolerancia a la frustración y habilidades manuales en el laboratorio.
En 2006, fue la primera latinoamericana en obtener un subsidio de la fundación Susan G. Komen, por 250.000 dólares. A lo largo de su carrera publicó más de 40 trabajos científicos y formó equipos de investigación. Para ella, compatibilizar la vida familiar con la laboral fue un desafío que superó con apoyo, como el de su mentora durante su doctorado en Estados Unidos.
Actualmente, divide su tiempo entre Buenos Aires, La Pedrera (Uruguay) y viajes a Estados Unidos para recaudar fondos, sin descuidar sus actividades personales como el kitesurf y su familia.
