Ante la severa escasez de combustible, los habitantes de la capital cubana recurren masivamente al ciclobús, un servicio de transporte que atraviesa un túnel submarino y que fue impulsado en los años 90.
La Habana enfrenta una profunda crisis energética que ha reducido drásticamente el transporte público y vaciado las calles de automóviles. Como alternativa, los ciudadanos utilizan bicicletas, scooters, motos eléctricas y, de manera destacada, el servicio de ciclobús para realizar sus desplazamientos diarios.
Según informaciones de la agencia AP, se trata de la peor crisis de este tipo en décadas. Las restricciones en el suministro de combustible, vinculadas a medidas económicas internacionales, han obligado al racionamiento y limitado la movilidad.
El ciclobús cubre una ruta de aproximadamente tres kilómetros en 15 minutos, conectando La Habana Vieja con la extensa zona residencial del este a través de un túnel submarino. La otra opción terrestre, bordear la bahía, implica un recorrido de unos 16 kilómetros por zonas industriales y caminos en mal estado.
La tarifa es accesible: entre dos y cinco pesos cubanos, dependiendo de si se transporta una bicicleta o motocicleta. En contraste, un taxi compartido por la misma ruta puede costar 1000 pesos, una suma significativa considerando que el salario medio estatal en la isla es de 7000 pesos mensuales.
Este servicio pertenece a la empresa de transporte de La Habana y surgió en la década de 1990, durante el denominado «Período Especial», una crisis económica posterior a la caída de la Unión Soviética. En aquel contexto, se promovió la distribución masiva de bicicletas como alternativa. Si bien el ciclobús perdió relevancia con la recuperación parcial del transporte, la actual escasez de combustible lo ha vuelto a convertir en un elemento central para la movilidad urbana.
