Un término anglosajón que gana terreno entre las nuevas generaciones describe una sensación súbita de rechazo hacia alguien que antes generaba interés. Psicólogos analizan sus causas y posibles significados.
La forma en que se construyen y terminan los vínculos afectivos evoluciona, y con ella surgen nuevos términos para describir experiencias comunes. Uno de ellos es el «ick», una palabra inglesa que el Diccionario Cambridge define como «una sensación repentina de que no te gusta alguien o que ya no te atrae porque hizo algo específico».
Profesionales de la psicología lo describen como un rechazo o desagrado extremo, activado a menudo por gestos, frases o hábitos mínimos que generan una incomodidad visceral. Según publicaciones como Psychology Today, este fenómeno puede marcar un punto de inflexión en la atracción, cambiándola de un día para el otro.
La psicóloga Chivonna Childs, de la Clínica Cleveland en Estados Unidos, explica que el «ick» suele aparecer en etapas tempranas de un vínculo. «Lo que a menudo hace que el ick sea problemático es que tienden a ser problemas superficiales en lugar de problemas reales y preocupantes», asegura.
Un estudio publicado en el Journal of Personality and Individual Differences identificó que los desencadenantes más comunes no son defectos profundos de carácter, sino fallas en la «performance social»: un descuido, una torpeza pública o un comportamiento que desentona con las expectativas iniciales.
La investigación también encontró que aquellas personas con niveles más elevados de narcisismo y perfeccionismo eran más propensas a experimentar esta sensación. Además, las mujeres reportaron una mayor familiaridad con el concepto y una mayor frecuencia de sentirlo, lo que, según los autores, podría deberse a una «mayor sensibilidad a los riesgos relacionales».
Para algunos expertos, esta reacción súbita puede interpretarse como un mecanismo de defensa. «Pueden ser formas de enmascarar inseguridades o temas no tratados», reconoció la psicóloga Victoria Almirot a LA NACION. Por ello, sugieren analizar con honestidad qué hay detrás del «ick»: si se trata de una diferencia real de valores o de expectativas altas, nervios o perfeccionismo.
