En un contexto de preocupación por la salud mental adolescente, expertos analizan el fenómeno de los chatbots de IA como fuente de contención y señalan indicadores que requieren atención familiar.
Los indicadores de salud mental en la adolescencia muestran una tendencia preocupante a nivel global y en Argentina. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años padece algún trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión las principales manifestaciones. Datos locales de Unicef (2024) indican que el 9% de los jóvenes de 13 a 17 años reportó sentirse deprimido y el 13% atravesó estados de angustia.
En este escenario, profesionales de la salud mental comenzaron a observar el rol creciente de herramientas de inteligencia artificial conversacional en la vida cotidiana de los adolescentes. No como causa directa del malestar, sino como una variable que puede interactuar con situaciones previas de vulnerabilidad emocional.
«Entre los 11 y los 17 años, el psiquismo todavía está en plena construcción», explicó Alejandra Doretti, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Según la especialista, en esta etapa se desarrollan sistemas de regulación emocional y pensamiento crítico, procesos que se construyen en el intercambio con otros.
Juliana Nieva, psiquiatra infantojuvenil de INECO, señaló que estas tecnologías ofrecen un espacio percibido como menos evaluador. «Está disponible las 24 horas, responde de forma inmediata y no juzga. Para muchos adolescentes funciona como un recurso temporal de alivio emocional», explicó. Sin embargo, advirtió que este rol puede volverse riesgoso si sustituye de manera sostenida los vínculos reales.
Desde una perspectiva similar, la psicopedagoga María Zysman, fundadora de Libres de Bullying, indicó que el recurso a la IA suele reflejar soledades previas. «La inteligencia artificial les devuelve respuestas rápidas y sin confrontación, pero eso no reemplaza el vínculo humano», afirmó.
Señales de alerta a observar
Los especialistas coinciden en una serie de indicadores que pueden señalar una dependencia digital problemática o un cuadro de sufrimiento psíquico que requiere atención:
- Mencionar a la inteligencia artificial como si fuera una figura de confianza o autoridad.
- Recurrir al dispositivo ante situaciones de angustia en lugar de buscar a un adulto o a un par.
- Irritarse o desregularse emocionalmente cuando no se puede acceder al chat.
- Aislarse socialmente mientras aumenta el tiempo frente a pantallas.
- Registrar un descenso del rendimiento escolar.
- Presentar insomnio, cambios marcados de humor o expresiones persistentes de desesperanza.
«La clave es no minimizar estas señales», advirtió Nieva. Explicó que, si bien un indicador aislado no necesariamente implica un problema grave, la combinación de varios, sostenida en el tiempo, amerita una conversación directa y serena con el adolescente y, de ser necesario, la consulta con profesionales.
