El muralista Jorge Pomar transforma medianeras en espejos de cielo, creando obras que cambian el paisaje urbano de Buenos Aires.
El muralista Jorge Pomar recorre la ciudad con una misión: encontrar paredes para convertirlas en espejos. Las grietas y la humedad desaparecen cuando Pomar detecta estos lienzos XXL. En Chacarita, por ejemplo, la medianera del reconocido restaurante Anchoita, de 27 metros de alto por 24 de ancho, desde hace algunas semanas dejó de ser una pared más en el paisaje urbano para convertirse en una ventana a cielo abierto. En San Telmo, la serie “Entre cielos” reconfiguró los ladrillos rugosos y abrió un horizonte celeste. Y ahora, en su propio edificio, en La Pampa al 1000, pintó el color del amanecer, exactamente el de las 7.20 AM. La obra funciona como un espejo: el crepúsculo parece reflejarse en el muro y lo ilumina. Antes, se puso de acuerdo con sus vecinos.
“Me interesan las pausas, mirar para arriba y buscar los puntos de vista que revelan esos espacios finitos y verticales entre edificios, donde el cielo se filtra de forma recortada”, dice el artista visual, fanático de las medianeras ciegas, los conjuntos de ventanas espejadas y las construcciones vidriadas. Cada medianera tiene sus “mañas”, aunque el promedio indica que se necesita un mes de ejecución, varios de gestión y cerca de 180 litros de impermeabilizantes acrílicos y pinturas texturadas para exteriores. Pomar, coleccionista de fachadas, se fija en las texturas, las ventanas, los agujeros mal tapados y las huellas del pasado. Su sueño: intervenir alguna de las avenidas que descienden hacia el corredor que conecta la Av. del Libertador con la Av. Almirante Brown, en dirección al río.
Pomar es el autor del teclado de 31 colores que sorprende en Av. Corrientes y Av. Callao. También pintó “Una gotita en suspensión 2”, un cielo con nubes y una trama de ladrillos en la esquina de Av. Independencia y Piedras, y “Malla horizontal”, un degradé cromático de 13 pisos en Av. Corrientes y Jorge Newbery. También intervino muros de Francia, Italia, Polonia, Rusia, Estados Unidos, Brasil, Chile y Colombia. “Creo que la ciudad necesita abrir espacios que expandan la mirada y habiliten nuevos horizontes. Desde lo poético un espejo puede cumplir ese fin”, señala.
