Luz se mudó a Rosario por amor, pero la relación se volvió inestable. Una confesión inesperada y la mirada de su hija la llevaron a reencontrarse con su felicidad.
Luz conoció a Manu en una convención de Recursos Humanos en 2006 y se enamoró profundamente. Él era de Rosario, ella de Zona Norte del Gran Buenos Aires, pero vivía en Palermo. Tras un tiempo de encuentros, Luz decidió mudarse a Rosario para estar con él. Sin embargo, la relación se volvió cambiante: Manu podía ser muy atento y luego distante. «Esto comenzó a afectarme psicológicamente», cuenta Luz. A pesar de los altibajos, se convirtieron en padres, y la inestabilidad de Manu se acentuó. Luz luchó por la familia, hasta que en un nuevo trabajo conoció a Diego, un compañero viudo, caballero y transparente. Diego se enamoró de ella y Luz renunció para evitar la tentación, convencida de que debía mantener su familia. Pero los problemas continuaron, y su hija mayor, de 14 años, le preguntó por qué seguía con su papá si no era feliz. Eso la despertó. Luz se separó, recuperó su brillo y, tiempo después, Diego le dio «me gusta» en Instagram. Se reencontraron en Buenos Aires, y tras un año y medio, son novios. Luz planea volver definitivamente a su ciudad de origen.
