Argentina posee enormes reservas de litio y cobre, claves para la IA y la transición energética global, pero la falta de energía e infraestructura digital amenaza con limitar su desarrollo.
La Argentina se encuentra ante una coyuntura histórica y estratégica que podría redefinir su rol en la economía global del siglo XXI. El país posee un vasto reservorio de minerales críticos, con el litio y el cobre a la cabeza, que la posiciona como proveedor esencial para el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y la transición energética global. La cartera de proyectos de cobre representa una potencial inyección de capital estimada entre 20.000 y 25.000 millones de dólares hasta 2030, y el desarrollo del litio garantiza materia prima para sistemas de almacenamiento energético.
Sin embargo, la materialización de este potencial choca con un obstáculo estructural: la crítica insuficiencia de potencia eléctrica y la carencia de infraestructura de hardware y redes de baja latencia. Esta brecha conforma un «techo de cristal» que, de no abordarse con urgencia, podría confinar a Argentina al papel de mero exportador de materia prima, desaprovechando la posibilidad de generar valor agregado y soberanía digital.
El sector minero ya constituye un pilar significativo de la economía argentina, con exportaciones que alcanzaron los 6.037 millones de dólares el año pasado, principalmente gracias al oro (68%). No obstante, la apuesta al futuro se centra en el litio y el cobre. La producción de litio se encuentra en aceleración, y proyecciones indican que el país podría superar las 250.000 toneladas anuales hacia 2027-2028. En cuanto al cobre, tras el cierre de Bajo de la Alumbrera en 2018, una cartera de proyectos avanzados promete reinsertar al país en la producción global, con una posible generación de 1,5 millones de toneladas anuales hacia 2035 y una inversión de hasta 25.000 millones de dólares.
Durante la mesa redonda «Los cimientos de la IA», organizada por Insight-LAC en Buenos Aires, María Fernanda Ávila, exsecretaria de Minería de la Nación, señaló que «la minería es el componente físico sin el cual la infraestructura de IA simplemente no existe». Sin embargo, esta visión optimista se enfrenta al desafío dual energético y de infraestructura digital. Guillermo Wichmann, especialista de Nokia, subrayó la paradoja: la oportunidad mineral se vuelve inútil si no existe una red digital de soporte con baja latencia y alta capacidad de transporte de datos.
La infraestructura regional de centros de datos, estimada en apenas 2 GW de capacidad total, es insuficiente para la demanda de la próxima generación de sistemas de IA. Un centro de datos de IA consume entre 3 y 5 veces más energía que uno tradicional, debido a las exigencias de refrigeración y potencia de cálculo. La soberanía tecnológica de un país ya no se mide solo por su capacidad de producir software, sino por su capacidad real de generación, transporte y distribución eléctrica.
