En una edición inédita del Kentucky Derby, el potrillo Golden Tempo se impuso de atrás, con José Luis Ortiz en la monta y su hermano Irad segundo. Cherie DeVaux se convirtió en la primera mujer en ganar la carrera en más de un siglo y medio.
En el legendario hipódromo de Churchill Downs, el Kentucky Derby de este año dejó una secuencia que parecía improbable. Golden Tempo, un potrillo en el que pocos confiaban, surgió desde el fondo del lote de 18 competidores para llegar al disco un pescuezo adelante, en una arremetida inolvidable. Cuando la recta final se abrió como un escenario, su imagen fue agigantándose entre sus rivales. Buscó un camino hasta ir por fuera de todos los que se ilusionaban con el éxito. No ganó el más esperado, sino el que supo esperar.
En pocos segundos pasó de invisible a inevitable. A pasos de la meta, superó al favorito Renegade, montado por el hermano del jockey vencedor. Así se dio un 1-2 en familia: José Luis Ortiz cumplió su sueño en la carrera más famosa del mundo y se lo frustró a Irad, un año mayor. En uno de los palcos, otra historia se escribía en paralelo: Cherie DeVaux se convertía en la primera entrenadora en conquistar la prueba, rompiendo una barrera de 152 años.
Golden Tempo llegó a la carrera con perfil bajo. Nacido en Kentucky y reservado por sus criadores, Phipps Stable y St. Elias Stables, fue la primera vez desde que está en entrenamiento que salía de Fair Grounds, donde había construido una campaña con dos primeros puestos y dos terceros en apenas cuatro salidas. En un grupo muy numeroso, era uno de esos caballos que la mayoría mira, pero no elige. Sin embargo, su equipo se aferraba a una idea: si el ritmo era intenso, podía ser peligroso en el final. El desarrollo les dio la razón en una prueba sobre 2000 metros cuya exigencia radica en la mezcla de velocidad inicial con resistencia al final. Muchos la pierden por apurarse. Se la llevó el que en la largada quedó relegado, último, y que durante gran parte del recorrido no aparecía en la cámara.
Después de la carrera, José Ortiz no habló de táctica ni de números. Habló de paciencia, de confiar en el plan, de no desesperarse cuando el potro venía lejos. El muchacho de 32 años que creció en Puerto Rico, se radicó en Estados Unidos en 2012 y tiene decenas de grandes triunfos, incluyendo cada una de las etapas de la Triple Corona y la última Dubai World Cup, marcó otro hito en su trayectoria. Días después, fue uno de los lanzadores de la primera bola antes del partido de los New York Yankees contra los Texas Rangers.
A su lado, con otra camiseta con el número 71 en el Yankee Stadium y también convertida en lanzadora invitada, estaba DeVaux, la mujer que hizo historia. Su perfil es el de alguien que creció dentro del ambiente, aprendiendo como asistente cada detalle del cuidado animal. La llegada de Golden Tempo a su establo no fue una casualidad, sino el resultado de un proceso largo, con los últimos ocho años dedicada al oficio. Eligió no exigirlo de más en la preparación, cuidarlo para el gran día, confiar en su atropellada. Con más gloria por delante, eludió la tentación al anunciar que no lo llevará a Maryland para correr el Preakness Stakes, la segunda gema de la corona. Siente que será mejor esperar hasta junio para volar a Nueva York y presentarlo en el Belmont Stakes, que se hará ocasionalmente en Saratoga mientras Belmont Park sigue en reconstrucción. Otra vez, la cautela para decidir lo que cree lo mejor para esta etapa.
