Un estudio del Vall d’Hebron Institut de Recerca y FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation halló diferencias cerebrales en adolescentes con TLP, lo que abre la puerta a diagnósticos más precisos y terapias tempranas.
El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una condición mental grave que se caracteriza por inestabilidad emocional, autoestima baja, dificultades en la regulación del comportamiento y problemas para mantener relaciones interpersonales estables. Uno de los síntomas más profundos es la alteración de la identidad, una sensación constante de no saber quién se es.
Si bien es el trastorno de personalidad más estudiado en el manual DSM-5, la investigación se había centrado principalmente en adultos. Ahora, un equipo de investigadores del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) en Barcelona y la FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation ha evidenciado, tras estudiar a adolescentes, una diferencia neurobiológica hasta ahora desconocida.
“El objetivo es entender qué ocurre en el cerebro en las fases iniciales del trastorno. Estudiar adolescentes nos permite analizar el trastorno en un momento en el que aún hay menos factores que pueden modificar el cerebro, como los años de evolución de la enfermedad o los tratamientos farmacológicos”, afirma el Dr. Marc Ferrer, investigador principal del proyecto.
Una alteración en la “red neuronal por defecto”
El estudio reclutó a 27 chicas adolescentes con diagnóstico de TLP (en su mayoría sin tratamiento farmacológico previo ni otros trastornos) y a 28 jóvenes sanas como grupo de control. Mediante resonancia magnética funcional (fMRI), se les pidió que realizaran un ejercicio mental: leer afirmaciones y responder si eran verdaderas o falsas. Las frases abarcaban conocimientos generales, cualidades de otras personas y preguntas sobre sí mismas.
Los resultados mostraron que, al pensar en sí mismas, las adolescentes sanas activaban ciertas áreas clave del cerebro, mientras que las jóvenes con TLP presentaban una activación notablemente reducida en el córtex prefrontal dorsolateral derecho, una región que actúa como “director de orquesta” cognitivo, encargado de la regulación consciente de pensamientos, control inhibitorio y emociones.
“Muchos de los síntomas centrales del TLP tienen que ver con dificultades en la regulación emocional y en la forma en que la persona construye su identidad e interpreta las relaciones”, detalla Ferrer. “Las alteraciones observadas en estas redes podrían contribuir a explicarlo desde un punto de vista neurobiológico”.
Además, los estudios estructurales revelaron una reducción del volumen de materia gris en la región temporoparietal izquierda, fundamental para la cognición social, y alteraciones en la “red neuronal por defecto” (Default Mode Network), circuito esencial para el funcionamiento social y la construcción del yo personal.
“La neuroimagen permite empezar a identificar los circuitos cerebrales implicados en distintos trastornos psiquiátricos. A largo plazo, esto puede ayudar a desarrollar estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas y personalizadas”, concluye el Dr. José Antonio Ramos-Quiroga, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitari Vall d’Hebron.
¿Qué le sucede a una persona con TLP durante una desregulación emocional?
Comprender qué falla en el cerebro adolescente al procesar la identidad y las relaciones representa un avance hacia la detección precoz y terapias más eficaces. Durante un episodio agudo, la persona con TLP experimenta “mucho sufrimiento, malestar e incluso ideas de suicidio”, según describe Lara, enfermera de salud mental del Hospital General de Villalba de Madrid.
Fuera de esos episodios, suelen tener “mucha inestabilidad en las relaciones interpersonales”, idealizando a la pareja y luego sintiendo rechazo, lo que lleva a conductas para evitar el abandono. También experimentan sensación de vacío y soledad, lo que puede derivar en trastornos de conducta alimentaria, autolesiones y etapas depresivas.
La investigadora Vanesa Carina Gongora señala que son “extremadamente impulsivos, con tendencia a excederse en el comer, robar o tener actividad sexual autodestructiva”. Los atracones pueden servir como mecanismo para calmarse, mientras que el ayuno extremo o el abuso de laxantes pueden ser formas de autocastigo. “En definitiva, todas estas conductas pueden servir a los pacientes para ocultar dolores emocionales intolerables o evitar descompensaciones”, explica.
Lara insiste en la importancia de la empatía: “El estigma que rodea a los trastornos de personalidad provoca que muchos no pidan ayuda por vergüenza. Pero estos comportamientos no los hacen para causar daño. Es su realidad, la viven así, aunque sea desproporcionado. Necesitan mucho apoyo y herramientas”.
