El arquitecto y ex director general del Casco Histórico porteño mantuvo durante casi una década un encuentro semanal con amigos y colegas en el bar Ditali, tradición que sobrevivió incluso a la cuarentena por Covid.
Porteño por sobre todas las cosas, el recuerdo de Luis Grossman estará siempre relacionado con la ciudad de Buenos Aires, a la que protegió siendo director general del Casco Histórico. Tanguero y amiguero, formó una “mesa de los domingos” junto a colegas –arquitectos y periodistas– y frecuentes invitados ocasionales.
La mesa de los domingos era una cita fija. Quien faltaba avisaba para no preocupar al resto. Hasta el fallecimiento de Grossman, fueron casi diez años de encuentros puntuales, a las cinco de la tarde, en el bar Ditali, de Paraguay y Maipú. Durante la larga cuarentena por el Covid, el grupo reemplazó esa mesa por encuentros virtuales a través de Zoom.
El “grupo Ditali” se conformó, a través de los años, por amigos que estuvieron y partieron. A Grossman, fundador y convocante, se sumaron periodistas como Horacio de Dios y Norberto Firpo; arquitectos como Román Peñalba, Carlos de la Borbolla, Ricardo Gersbach, Ricardo Abramzon y Amílcar Machado; el fotógrafo de arquitectura Jorge Mezzei, el agrimensor Alberto Chalkho, e invitados especiales.
Pasaron por esa mesa desde el pintor Horacio “el Indio” Cacciabúe, los arquitectos Miguel Ortemberg, Juan Boggio Videla y Enrique Madía, el doctor José Claudio Escribano y el escritor y poeta Horacio Ferrer. El grupo continúa reuniéndose en la medida de lo posible, como homenaje a Grossman y a la amistad.
