Human Rights Watch afirmó que las autoridades sudafricanas no han actuado con la firmeza necesaria frente a los recientes ataques contra migrantes africanos en el país.
Nairobi, 20 may (EFE).- La organización Human Rights Watch (HRW) señaló este miércoles que la respuesta de las autoridades de Sudáfrica ante los recientes ataques y actos xenófobos dirigidos contra migrantes africanos ha sido insuficiente.
“Las autoridades sudafricanas deben intensificar sus esfuerzos para abordar el sentimiento antiinmigrante y la violencia, a fin de garantizar la seguridad y la protección de los extranjeros vulnerables en el país”, afirmó en un comunicado la investigadora de HRW en Sudáfrica Nomathamsanqa Masiko-Mpaka.
Estas declaraciones se producen luego de que el movimiento antiinmigración March & March convocara en los últimos dos meses manifestaciones, algunas de las cuales derivaron en violencia, contra migrantes irregulares. Los organizadores atribuyen a los migrantes los problemas económicos del país, la deficiente prestación de servicios públicos y las altas tasas de delincuencia.
Además, grupos organizados han impedido que migrantes africanos accedan a atención médica y educación en instalaciones públicas.
“Los grupos vigilantes deben rendir cuentas por completo, incluso mediante procesos penales efectivos. Las autoridades no deberían permitir que grupos vigilantes ataquen violentamente a ciudadanos extranjeros, sino que deben protegerlos y llevar ante la justicia a quienes les hagan daño”, añadió Masiko-Mpaka.
Un comerciante camerunés de 43 años, residente en Sudáfrica desde hace casi dos décadas y cuya identidad no fue revelada por HRW, relató que un grupo de diez personas atacó su establecimiento el 17 de abril durante una manifestación en Durban (este).
“Nos azotaron a mí y a mis tres compañeros, que no somos sudafricanos, con palos de golf y látigos, y nos rociaron con gas pimienta. También nos aplicaron descargas con pistolas eléctricas. Salimos corriendo de la tienda, sin poder ver bien. Nos siguieron y nos azotaron (…). Nadie vino a ayudarnos”, declaró.
El dueño del comercio está casado con una mujer sudafricana y reside legalmente en Sudáfrica, pero indicó que sus agresores no intentaron verificar su estatus migratorio.
Varios países africanos han tomado medidas al respecto. Ghana autorizó la evacuación de 300 de sus ciudadanos desde Sudáfrica y solicitará a la Unión Africana (UA) que aborde los ataques xenófobos y envíe una “misión de investigación”.
La tensión se extendió a países como Guinea-Bisáu y Nigeria, que convocaron a los embajadores sudafricanos en sus territorios.
El Gobierno nigeriano informó que unos 130 compatriotas solicitaron ser repatriados tras los ataques.
Los gobiernos de Kenia, Malaui y Lesoto emitieron alertas de seguridad para sus ciudadanos residentes en Sudáfrica. El Gobierno sudafricano ha condenado estos ataques.
Las tensiones xenófobas son un problema recurrente en Sudáfrica, país que acoge a casi tres millones de personas, de las cuales el 90 % proceden de otras naciones africanas. Esto ha derivado en oleadas de protestas violentas, especialmente en los barrios más vulnerables. Las más graves ocurrieron a finales de 2019, con 18 extranjeros muertos, según datos de HRW.
