Silvana Delafuente viajaba en el colectivo 152 cuando observó a tres hombres lanzar repetidamente a una perrita. Se bajó, la atajó en el aire y la llevó a un refugio. La cachorra, bautizada Pampa, sobrevivió y fue adoptada.
El 29 de diciembre de 2025, Silvana Delafuente viajaba a bordo del colectivo 152 por el barrio de Núñez, en dirección a Belgrano. Desde la ventanilla observó a tres hombres, de entre 30 y 35 años, que lanzaban al aire a una cachorra. Según declaró Silvana, los hombres exigían dinero a los transeúntes y amenazaban con lastimar al animal si no recibían pago. “Gritaban que la iban a prender fuego o que la iban a tirar al medio de la avenida si no recibían plata”, afirmó. También repetían: “Esta perra ya no nos garpa”.
Silvana se bajó del colectivo, esperó a que los hombres volvieran a lanzar a la perrita, la atajó en el aire y corrió hacia un comercio cercano para solicitar ayuda policial. La dueña del local le proporcionó una caja de cartón para resguardar al animal. Silvana también informó lo ocurrido en una iglesia cercana, donde le aseguraron que prohibirían a los hombres acercarse o recibir donaciones.
Con escolta policial, Silvana trasladó a la cachorra a la Clínica Veterinaria Burgess, en Olivos. La veterinaria Ayelén estimó que la perrita tenía cuatro semanas de vida y pesaba 1,2 kilogramos. El diagnóstico indicó parasitosis severa y Ehrlichia, una enfermedad infecciosa transmitida por garrapatas. Según la médica veterinaria Patricia Paredes, de Natural Life, la Ehrlichiosis “no tiene cura, pero es tratable” con antibióticos y abordaje de los signos clínicos.
El cuadro de la cachorra se agravó a los pocos días y requirió internación de urgencia, con transfusiones de sangre y plasma, fluidoterapia y medicación. Durante 45 días, Silvana la llevó a la veterinaria para recibir antibióticos, protectores gástricos, antieméticos y fluidoterapia con vitaminas. Silvana indicó que el traslado se realizaba a pie o en colectivo sin autorización del chofer, ya que “si pedía autorización al chofer explicándole la situación, el acceso siempre me era negado”.
Actualmente, la cachorra, bautizada Pampa, vive con Silvana y dos perros más. Silvana afirmó: “La vida de Pampa hoy es maravillosa. Tiene una familia amorosa, sale a pasear con sus dos hermanos de cuatro patas. Es curiosa, todo le llama la atención, es hiperquinética”. No obstante, la perrita aún muestra desconfianza hacia desconocidos y conserva hábitos callejeros, como buscar comida en bolsas de basura o tomar agua de los cordones de la vereda.
