Un estudio del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires reveló que más de 4 millones de jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentran en situación de precariedad estructural, con dificultades económicas, laborales y de salud mental.
Un informe elaborado por el Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) señala que el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años en Argentina vive en condiciones de vulnerabilidad social. El estudio, titulado “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, abarcó a 1002 jóvenes encuestados que reúnen alguna condición de vulnerabilidad.
Según el informe, el 33,5% de los jóvenes presenta vulnerabilidad alta, el 55,3% vulnerabilidad media y el 11,2% vulnerabilidad baja. El 58,1% son varones, el 60,2% tiene entre 18 y 24 años y el 46,2% habita en hogares de cinco o más integrantes. En cuanto a la distribución geográfica, el 27% reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el 73% en el resto del país.
Educación
El estudio indica que solo una cuarta parte de los jóvenes vulnerables continúa estudiando. Las mujeres presentan mayores niveles de continuidad educativa que los varones (28,2% frente a 22,3%). Asimismo, el 60,5% no completó el secundario y apenas el 6,7% accede a estudios terciarios o universitarios. Los investigadores señalaron que un mayor nivel educativo permite disminuir la vulnerabilidad alta y ampliar las oportunidades de inserción laboral formal y cobertura de salud.
Trabajo
Dos de cada diez jóvenes vulnerables no trabajan ni estudian (segmento “NI-NI”). Dentro de ese grupo, un tercio dejó de buscar empleo. Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, afirmó que “esta desconexión refleja una ruptura de las expectativas de progreso, donde el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible”.
El 69,4% de los jóvenes vulnerables se encuentra trabajando, aunque el 30,6% está inactivo laboralmente. La tasa de desocupación femenina duplica a la masculina (41% frente a 23,2%). Entre quienes trabajan, la mayoría lo hace en empleos de baja calificación y con alta informalidad: más de la mitad de los jóvenes con vulnerabilidad media y alta no tiene trabajo registrado. Solo el 7,2% de los jóvenes con vulnerabilidad media y el 0,5% con vulnerabilidad alta cuentan con empleo registrado.
Felipe Vega Terra, director del CBC y codirector de la investigación, declaró que “para el 57% los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes”. Ese porcentaje asciende al 70% entre quienes presentan vulnerabilidad alta.
Salud mental
El informe señala que el 78% de los jóvenes vulnerables carece de obra social o prepaga y depende del sistema público de salud. Más del 70% de los encuestados manifestó tener problemas frecuentes de nervios o ansiedad; el 50% admitió sufrir desgano o síntomas compatibles con depresión; y el 30% reconoció dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias. Los autores indicaron que “los signos de malestar psicológico no constituyen experiencias excepcionales, sino que forman parte de la vida cotidiana”.
Inclinación política y religión
El estudio también analizó el consumo de información, la inclinación política y la adscripción religiosa. El 71,2% de los encuestados se informa a través de redes sociales, principalmente Instagram y Facebook, mientras que solo el 18% lo hace por televisión. En cuanto a la identificación religiosa, el 37,6% pertenece a iglesias evangélicas, el 30,8% al catolicismo y el 29,5% no tiene filiación religiosa.
Respecto al voto en la elección presidencial de 2023, el 38% dijo haber votado a Javier Milei (La Libertad Avanza), el 25% a Sergio Massa (Unión por la Patria) y el 25% no concurrió a sufragar. El informe señala que el acompañamiento electoral a Milei se manifestó en mayor medida entre los niveles educativos más altos, mientras que entre quienes tienen menor escolaridad se registraron mayores niveles de abstención y de votantes de Massa.
Proyección a futuro
Entre los objetivos para los próximos cinco años, el 31,9% de los jóvenes vulnerables mencionó conseguir un trabajo o acceder a uno mejor, y el 29,8% aspira a la casa propia. Formar una familia aparece como opción relegada (4,8%). El 56,3% no tiene hijos. Casi siete de cada diez proyectan residir en otro lugar dentro de cinco años, principalmente en un barrio mejor de la misma ciudad.
Las mujeres expresan mayores expectativas de mejora residencial (44,2% frente a 38,9%), mientras que los varones priorizan la mejora laboral y el emprendimiento. Las principales barreras identificadas son factores estructurales como el dinero y las oportunidades. El informe concluye que la vulnerabilidad social “opera como un eje estructurante de desigualdades materiales y subjetivas” y demanda “intervenciones coordinadas e integrales”.
