Un análisis militar detalla por qué la superioridad tecnológica de EE.UU. no garantiza una victoria estratégica sobre Irán, citando factores geográficos, doctrina militar y el rol de Israel en la región.
Un análisis militar publicado recientemente sostiene que EE.UU. enfrenta límites estratégicos en un eventual conflicto con Irán, pese a su abrumadora superioridad tecnológica. El texto, firmado por un exjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas, señala que la capacidad de destrucción militar no equivale a la capacidad de imponer una solución política.
El documento recuerda que EE.UU. posee once portaaviones nucleares, cientos de bombarderos estratégicos, la aviación de combate más poderosa del planeta, una red global de bases militares y un presupuesto de defensa superior al de las siguientes diez potencias combinadas. Sin embargo, el autor cita los casos de Vietnam, Irak y Afganistán como ejemplos en los que la superioridad táctica no se tradujo en una victoria estratégica duradera.
El análisis describe a Irán como un adversario que no busca competir simétricamente con EE.UU., sino que desarrolló una estrategia orientada a impedir una victoria decisiva. Entre sus ventajas menciona su geografía: casi 1,6 millones de kilómetros cuadrados, cadenas montañosas, instalaciones subterráneas, una población cercana a los 90 millones de habitantes y una profunda tradición estatal.
También destaca la doctrina militar iraní basada en la dispersión, la movilidad y la resiliencia, con misiles balísticos, drones de largo alcance, guerra electrónica, operaciones cibernéticas y fuerzas navales ligeras. El objetivo sería prolongar el conflicto y elevar el costo de una intervención estadounidense.
El informe incorpora el factor Israel como un elemento decisivo. Sostiene que la seguridad israelí es un interés estratégico permanente de Washington en Medio Oriente, y que Israel carece de profundidad estratégica, con sus centros urbanos, industriales y tecnológicos al alcance del arsenal misilístico iraní. Una guerra prolongada podría saturar las defensas israelíes y afectar su economía.
El autor concluye que una implicación estadounidense sostenida para apoyar a Israel reduciría el margen de maniobra de EE.UU. en otros escenarios, como el Indo-Pacífico, donde China representa un desafío de largo plazo. El texto finaliza señalando que la verdadera superioridad estratégica ya no consiste en destruir al adversario, sino en alcanzar objetivos políticos sin quedar atrapado en una guerra cuyo costo termine debilitando al vencedor.
