La fragmentación mental causada por la sobreexposición a pantallas y notificaciones reduce la capacidad de concentración, impacta el bienestar y limita la innovación, según expertos reunidos en el Foro del Futuro de Dubái.
La sensación de fragmentación que se experimenta a diario tiene, entre sus principales vectores, la desatención. La pérdida de la capacidad de atención se atribuye a la dispersión ante las múltiples opciones de consumo presentes en pantallas, comercios y servicios. Todo es múltiple y diverso, variable, personalizable y aparentemente inmejorable, pero a su vez se vuelve nada específico ni concreto sobre lo que pueda sostenerse una atención dedicada y sostenida.
Según especialistas, la atención contribuye a la salud mental y condiciona el bienestar básico. Cuando el cerebro está atento, se siente plenitud, está enfocado y es efectivo. Puede agotarse tras horas de concentración en algo puntual, pero no necesariamente derivar en estrés por saturación o colapso por dispersión. Las redes, las pantallas y la superposición de temas y velocidades producen una saturación inmediata que colapsa la atención antes de promediar el día. Las jornadas se vuelven agotadoras desde el inicio, porque el nivel de desatención es casi inmediato: al despertar, se chequean redes sociales, correo electrónico, chats y videos innecesarios. Prácticas básicas de atención, como la lectura completa de un libro, resultan cada vez menos frecuentes.
En el Foro del Futuro, celebrado en Dubái, se planteó que uno de los grandes problemas que enfrenta la humanidad en el futuro inmediato es el déficit de atención, vinculado al impedimento que conlleva para el desarrollo científico y tecnológico. Sin concentración, los procesos de investigación y creación resultan inconclusos. La atención plena es considerada clave para detectar o crear algo nuevo, entenderlo, procesarlo, organizarlo y comunicarlo.
Un ejemplo cotidiano se observa en el Mundial de fútbol. El atractivo de los deportes reside en la capacidad de abstraer al espectador de todo lo demás, generando atención plena por la espontaneidad del juego. Sin embargo, durante el Mundial se incorporó una pausa de hidratación que abre un espacio publicitario adicional. Además, publicidades invitaban a mirar el teléfono cada vez que había un gol, desviando la mirada hacia una pantalla y la promesa de un premio. Así, incluso los momentos de concentración espontánea fueron fragmentados.
Ante esta situación, se proponen dos acciones concretas: tomar distancia de lo que distrae, apagando pantallas, evitando atender lo virtual y lo presencial a la par, eliminando aplicaciones que desconcentran y silenciando notificaciones; y volver a prácticas de atención plena, como leer un libro descansado, mirar una película completa sin interrupciones, escribir a mano, escuchar al conversar, dormir sin pantallas ni luces. Recuperar la atención plena, aunque sea parcialmente durante algunos momentos del día, puede ayudar a sanar la fragmentación que afecta a millones de personas.
