Ankara ha multiplicado acuerdos y despliegues militares desde principios de 2026, consolidando una política exterior de alcance regional con implicancias para la OTAN y la Unión Europea.
Desde el pacto de defensa firmado en La Meca con Arabia Saudita y Pakistán hasta la intervención militar en Somalia, Turquía ha desplegado desde principios de 2026 una serie de acciones que configuran una política exterior de mayor densidad. Estas acciones incluyen su rol logístico vinculado a la flota de petroleros que transita por el Bósforo y un corredor ferroviario hacia el Golfo que evita Irak y el estrecho de Ormuz.
El acuerdo de defensa trilateral, suscripto el 7 de agosto de 2026 en La Meca por el presidente Recep Tayyip Erdogan, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, incluye una cláusula de seguridad mutua. El texto oficial señala que responde al estancamiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán y a las amenazas en el estrecho de Ormuz y el mar Rojo.
En junio de 2026, Turquía y Arabia Saudita firmaron protocolos para crear un corredor ferroviario que conectaría el reino con territorio turco a través de Siria y Jordania. La infraestructura es presentada como logística, aunque ofrece a Riad un acceso terrestre al Mediterráneo que evita Irak y el estrecho de Ormuz.
En África, Turquía desplegó en enero de 2026 en Mogadiscio tres aviones caza F-16 y helicópteros de combate, con tropas terrestres que participan en operaciones contra Al-Shabaab. El intercambio comercial entre Turquía y el continente pasó de 3000 millones de dólares en 2003 a unos 41.000 millones en 2022, según datos oficiales.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Turquía se ha convertido en el cuarto mayor exportador de armas hacia África, con el dron Bayraktar TB2 equipando a fuerzas de unos 20 países africanos.
En el Cáucaso Sur, tras el acuerdo de paz entre Bakú y Ereván del 8 de agosto de 2025, Turquía presiona para la apertura del corredor de Zangezur, que conectaría Azerbaiyán con su enclave de Nakhicheván y con territorio turco. El corredor, de 43 kilómetros, permitiría un acceso terrestre continuo hacia Asia Central.
En relación con Rusia, datos del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) indican que la mayor parte del crudo ruso enviado por vía marítima se dirige a China, India y Turquía. Diversas refinerías turcas que utilizan crudo ruso habrían reexportado productos petrolíferos hacia países que imponen sanciones.
La Unión Europea, según informes citados por Intelligence Online, busca detectar cambios de bandera de buques en aguas turcas. Desde julio de 2026, las operaciones navales europeas IRINI y ATALANTA tienen autorización para abordar buques sospechosos en el Mediterráneo.
El politólogo Frédéric Encel sostuvo que la estrategia turca «convierte la equidistancia calculada entre bloques rivales en su principal fuente de influencia». El especialista Gilles Kepel señaló que «los Emiratos Árabes Unidos e Israel se muestran cautelosos ante este nuevo bloque» y que «el bloque sunita sigue siendo una coalición de intereses».
