Un análisis del presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) sostiene que, frente a la crisis de los organismos multilaterales, la fortaleza de las instituciones domésticas resulta clave para transformar las oportunidades económicas y geopolíticas en desarrollo.
El presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) publicó un análisis en el que sostiene que el debilitamiento de las instituciones internacionales vuelve más relevante el papel de las instituciones nacionales. Según el texto, los países con reglas estables, burocracias profesionales y capacidad estratégica estarán mejor preparados para convertir sus oportunidades económicas y geopolíticas en crecimiento.
El análisis señala que organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las Naciones Unidas (ONU) atraviesan una crisis profunda. En la OMC, el sistema de solución de controversias está debilitado; en la ONU, las divisiones entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad limitan su accionar. Este escenario, según el autor, genera una paradoja: cuanto menos previsible es el orden internacional, más importantes resultan las instituciones domésticas.
En el plano económico, el texto indica que las instituciones brindan certidumbre a los inversores. Las naciones con reglas claras, sistemas judiciales confiables y estabilidad monetaria están en mejores condiciones para atraer inversiones. Se menciona que, en la Argentina, el crédito al sector privado equivale a menos del 18% del PBI, frente a más del 100% en Chile. Sin instituciones sólidas, se afirma, resulta difícil planificar, crecer y competir en los mercados internacionales.
En materia de política exterior, el análisis subraya la importancia de instituciones como el Servicio Exterior de la Nación, las Fuerzas Armadas y el sistema de inteligencia. Se hace referencia a los conflictos en Medio Oriente, la guerra entre Rusia y Ucrania y las tensiones entre India y Pakistán. Según datos de la Universidad de Uppsala citados en el texto, el número de conflictos armados con participación estatal se duplicó desde 2010 y alcanzó 65 en 2025, el máximo desde 1946.
El autor también destaca ventajas argentinas en el nuevo escenario global: Vaca Muerta, el potencial minero y la producción de litio. La pertenencia a una región de paz y la menor vulnerabilidad frente a rutas críticas como el estrecho de Ormuz podrían fortalecer la posición del país como exportador de GNL. Además, la diversificación de la matriz comercial –China y Estados Unidos representan cada uno alrededor del 10% de las exportaciones– otorgaría mayor margen de negociación.
Finalmente, el análisis sostiene que disponer de recursos naturales no garantiza el desarrollo. Se menciona la necesidad de instituciones científicas, universitarias y de la sociedad civil que promuevan debates de calidad y formen dirigentes. El autor concluye que, sin instituciones sólidas, previsibles y profesionales, las oportunidades seguirán siendo “apenas una promesa”.
