El pianista húngaro Sir András Schiff se presentará el lunes 14 en el Teatro Colón para el Mozarteum Argentino. En una entrevista escrita, el intérprete de 70 años habló sobre su método sin programa fijo, el impacto de la tecnología en la escucha y su vínculo con la Argentina.
El pianista húngaro Sir András Schiff se presentará el lunes 14 en el Teatro Colón para el Mozarteum Argentino. Nacido en Budapest en 1953, Schiff es caballero del Imperio Británico, ganador de un Grammy y reconocido intérprete de Bach, Mozart y Schubert. En las semanas previas a su presentación, respondió por escrito una serie de preguntas enviadas por teléfono celular.
Schiff ha modificado el formato tradicional de sus conciertos: no anuncia el programa con antelación. Antes de cada presentación, toma el micrófono, se dirige al público y decide en el momento qué piezas interpretará. Consult ado sobre esta decisión, afirmó: «Tener que entregar un programa con anticipación -a veces con un año o dos de antelación- es una carga insoportable. Con mi nuevo concepto me siento mucho más libre, y hablar con el público me da la oportunidad de crear un contacto directo con ellos, de derribar muros y barreras. Siempre hay una narrativa en mis conciertos; las piezas jamás se eligen al azar, están conectadas musical, tonal y espiritualmente».
En cuanto al instrumento que utilizará en Sudamérica, el pianista señaló: «No, esta vez no. Es muy difícil traer un piano a Sudamérica desde Europa. Así que aquí toco con instrumentos locales, pero me acompaña mi técnico personal de pianos, Ulrich Gerhartz, de Londres. Es excelente y conoce exactamente mis gustos y preferencias».
Respecto de su repertorio actual, Schiff declaró: «Estoy reduciendo conscientemente mi repertorio a lo esencial, a aquellas obras que más amo. Y, sin embargo, todos los días encuentro algo nuevo en ellas. Mi relación con el instrumento no ha cambiado con el tiempo; solo ha madurado».
Consultado sobre el silencio en la interpretación, el pianista sostuvo: «El silencio es la cosa más hermosa del mundo. Y cada vez es más difícil de encontrar. El mundo se ha convertido en un lugar terriblemente ruidoso».
Sobre el impacto de la tecnología en la música, Schiff afirmó: «Sí, absolutamente. Nuestro mundo se ha digitalizado por completo y con la IA esto solo va a empeorar mucho más. Por lo tanto, debemos atesorar y proteger aquellas cosas que son únicas, que no se pueden imitar ni descargar».
En relación con los hábitos de escucha del público, el intérprete consideró: «No deberíamos generalizar, pero es cierto que la mayoría de la gente hoy viene a ver un concierto en lugar de a escucharlo. La música no es un arte visual, podés apreciarla con los ojos cerrados. Las grabaciones y la tecnología digital han influido en los hábitos de escucha de la gente; a través de ellas se espera una cierta perfección clínica que deshumaniza nuestro arte. Los oyentes no son lo suficientemente sensibles a los detalles, los matices y las sutilezas dinámicas».
Acerca de su formación en Hungría, Schiff expresó: «Mi educación musical en Hungría fue excelente y le estoy eternamente agradecido. No se limitó sólo al entrenamiento instrumental, sino que siempre hubo música de cámara y una base muy sólida en teoría, armonía, contrapunto y composición. Los acontecimientos políticos recientes han hecho posible mi regreso y estoy encantado por ello».
Consultado sobre la percepción de la música clásica como un ámbito de élite, el pianista respondió: «Si élite significa excelencia, entonces estoy orgulloso de ser elitista. No podés agarrar una gran botella de vino y diluirla con agua para que más gente pueda tomarla. Estoy convencido de que una persona sensible de un origen muy humilde puede apreciar a Beethoven aunque no lo entienda teóricamente. Por otro lado, hay personas con múltiples doctorados que escuchan a Beethoven y no sienten absolutamente nada porque tienen el corazón hecho de piedra. La educación es esencial: la intuición combinada con el conocimiento y la empatía».
Finalmente, sobre su primera presentación en el Teatro Colón, Schiff recordó: «Mi primera impresión fue abrumadora. Por supuesto que el Colón es una leyenda, pero en persona es mucho más que eso. Recuerdo que Daniel Barenboim estaba aquí y, justo antes de que yo entrara al escenario, abrió el telón para mí».
