Según datos del sector, el área tratada con productos biológicos fue de 18,66 millones de hectáreas. Estimaciones recientes sitúan el mercado en alrededor de US$150 millones. Un informe atribuye la brecha entre crecimiento y adopción a la falta de confianza de los productores.
El mercado de bioinsumos en Argentina alcanzó los US$124,2 millones en 2024, con 18,66 millones de hectáreas tratadas, de acuerdo con datos difundidos por el Ing. Agr. Juan Pablo Brichta, Presidente y Director de Innovación y Desarrollo en Agro Advance Technology. Estimaciones más recientes ubican el mercado en alrededor de US$150 millones.
El informe señala que el crecimiento del mercado es más rápido que la confianza de los productores. Una encuesta de CropLife entre distribuidores de Estados Unidos mostró que el 39% identifica la falta de confianza como principal barrera, y el 98% indicó que los productores utilizan bioinsumos como complemento de productos convencionales.
Brichta sostiene que un microorganismo puede ser científicamente destacado y, sin embargo, resultar un mal negocio si presenta problemas de formulación, estabilidad o consistencia. Añade que el productor no compra una bacteria ni un hongo, sino una posibilidad de mejorar el resultado de su hectárea: previsibilidad, facilidad de uso, respaldo técnico y retorno económico.
El autor menciona que las empresas más innovadoras, como NVIDIA, Amazon y Apple, construyeron sus liderazgos alrededor de ecosistemas o plataformas en lugar de productos aislados. En bioinsumos, propone una arquitectura basada en Objetivo, Problema, Propósito, Prueba, Plataforma y Posicionamiento, en reemplazo de las tradicionales 4P.
Según el informe, el resultado de un bioinsumo depende de múltiples factores: microorganismo, cultivo, ambiente, formulación y manejo. Un ensayo exitoso no sería suficiente; se requiere demostrar repetibilidad y traducirla a economía. El productor necesita saber qué significa el resultado en dólares por hectárea, cuál fue el costo, el retorno y bajo qué condiciones se obtuvo.
El texto indica que las grandes compañías de insumos agrícolas ya integran biología con genética, nutrición, protección, datos y herramientas de decisión. Argentina cuenta con capacidades científicas, productivas y agrícolas, y más de un centenar de empresas con productos biológicos registrados. No obstante, un mercado cercano a US$150 millones sigue siendo pequeño frente al volumen de fertilizantes y fitosanitarios del país.
Brichta afirma que la próxima etapa no debería consistir en fabricar más productos, sino en vender soluciones. La pregunta central, según el autor, es cómo mejorar el resultado económico de una hectárea utilizando biología dentro del manejo existente. La clave no debería ser la ideología, sino el resultado: saber si funciona y cuánto valor genera.
El informe también señala que cambiará la competencia. Un bioinsumo puede competir contra una mejor formulación, una nueva genética, una herramienta digital o un programa agronómico. Las compañías que quieran liderar deberán pensar en plataforma: integrar microbiología, formulación, aplicación, evidencia, datos y conocimiento agronómico para generar múltiples soluciones.
La primera generación de bioinsumos tuvo que demostrar que la biología podía funcionar. La próxima tendrá que demostrar que puede hacerlo de manera consistente, rentable y a escala. El próximo líder no será necesariamente quien tenga el microorganismo más novedoso ni más productos, sino quien transforme conocimiento biológico en una solución confiable, demuestre su valor económico y construya un ecosistema capaz de llevarla a millones de hectáreas.
