Plácido, dueño de un restaurante en Galapagar, declaró en el programa Espejo Público que no logra cubrir vacantes pese a ofrecer ese salario. Una cocinera del local mencionó las exigencias del trabajo.
Plácido, dueño de un restaurante, participó de un reportaje del programa Espejo Público dedicado a uno de los problemas que desde hace años atraviesa al sector gastronómico en España: la dificultad para encontrar camareros y cocineros.
Aunque la falta de personal suele adquirir mayor visibilidad durante el verano, cuando aumentan las necesidades de los establecimientos por la temporada turística, los empresarios aseguran que el problema no se limita a esos meses. Semana Santa y Navidad también representan períodos de alta demanda para bares y restaurantes.
En ese contexto, Plácido contó frente a las cámaras que incluso había aumentado el dinero que estaba dispuesto a pagar para conseguir trabajadores capacitados. Sin embargo, aseguró que la oferta económica no alcanzaba para cubrir las vacantes en su local, ubicado en Galapagar, en la sierra madrileña.
La falta de camareros y cocineros que preocupa a los restaurantes
La búsqueda de personal se convirtió en una dificultad recurrente para los empresarios de la hostelería.
En el caso de Plácido, el problema no estaba relacionado, según explicó, con la imposibilidad de ofrecer un salario competitivo. El empresario aseguró que estaba dispuesto a pagar 2.000 euros brutos a una persona que tuviera la preparación necesaria para desempeñarse en su establecimiento.
“Yo le puedo pagar 2.000 euros brutos perfectamente a una persona que esté capacitada, pero no vienen”, afirmó tiempo atrás durante el reportaje de Espejo Público.
Su testimonio –registrado en marzo de este año- expuso una de las principales dificultades que encuentran los establecimientos. No solo necesitan cubrir puestos vacantes, sino que buscan trabajadores que ya cuenten con experiencia y puedan incorporarse al ritmo de trabajo de un restaurante.
El turno partido, uno de los grandes problemas para los trabajadores
Para Plácido, las condiciones propias de la actividad también explican parte de las dificultades para conseguir empleados.
Entre ellas mencionó los horarios. En muchos establecimientos de hostelería, la jornada puede dividirse en dos tramos para cubrir el servicio del mediodía y el de la noche.
“El horario es un gran problema para el trabajador porque el turno partido no les gusta y entonces hay que darle un turno seguido”, explicó.
A esto se suma otra cuestión que, de acuerdo con su experiencia, genera dificultades para organizar las plantillas. Son nada menos que los períodos de vacaciones.
“Quieren el mes de vacaciones de verano, que significa que no está en temporada alta”, señaló el empresario.
La situación genera un particular desafío para restaurantes y bares, justamente cuando necesitan reforzar sus equipos para responder al incremento de clientes.
El temor de perder a un camarero formado
La dificultad para encontrar trabajadores no termina cuando un restaurante consigue cubrir un puesto.
Plácido también habló de lo que ocurre después de contratar a una persona sin experiencia suficiente. Según relató, formar a un empleado hasta convertirlo en un profesional lleva alrededor de un año.
El problema aparece cuando, una vez capacitado, ese trabajador abandona el establecimiento para incorporarse a otro.
“Lo que más nos duele es formar a una persona, que tardamos un año en que sea un profesional, y cuando ya la tienes formada, se te va”, afirmó.
El empresario aseguró además que existe competencia entre los propios locales para conseguir personal con experiencia. Ante la escasez de trabajadores, explicó que algunos responsables de otros establecimientos observan cómo trabajan los empleados de otros restaurantes y posteriormente pueden intentar incorporarlos ofreciéndoles mejores condiciones.
Así, la falta de camareros no solo dificulta las nuevas contrataciones. También obliga a los negocios a intentar conservar a quienes ya conocen el funcionamiento del establecimiento y han adquirido experiencia.
Una cocinera contó cómo son las jornadas en el restaurante
El reportaje también recogió el testimonio de trabajadores del establecimiento.
Verónica, una de las cocineras, explicó que las jornadas habituales eran de ocho horas. En caso de que fuera necesario trabajar más tiempo, aseguró que esas horas eran remuneradas.
“Si hay algo más, se paga, por supuesto, pero si es necesario”, afirmó.
Su testimonio aportó la perspectiva de quienes trabajan dentro de los restaurantes y conocen de primera mano las exigencias de la actividad.
La hostelería requiere cubrir los momentos de mayor movimiento del día y, además, mantener los servicios durante períodos en los que buena parte de la población aprovecha para viajar o tomarse vacaciones.
Verónica también se refirió a la dificultad para atraer a trabajadores jóvenes hacia este tipo de empleos.
Desde su punto de vista, parte del problema estaba relacionada con que muchos jóvenes no estaban dispuestos a asumir las exigencias de un trabajo que consideraba sacrificado.
“Es difícil, un poquito por la juventud. La gente no quiere trabajar, pero quiere dinero”, sostuvo la cocinera.
Su frase resumió una de las discusiones que aparecen de manera recurrente cuando se aborda la falta de personal en la hostelería: mientras los empresarios reclaman trabajadores y aseguran que tienen dificultades para cubrir puestos, los empleados y quienes buscan trabajo ponen el foco en los horarios, la organización de las jornadas y las condiciones laborales.
Mirá también
Newsletter Clarín
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín
QUIERO RECIBIRLO
